COMUNICACIÓN CON LAS OTRAS REALIDADES

El contacto vikingo con las fuerzas ocultas que operaban en sus mundos y en otros en sintonía con los suyos tenía un claro (o al menos preferente) hilo conductor: la mujer. Ellas o la parte femenina humana eran auténticos portales y portadores de clarividencia para los escandinavos, que daban por supuesto que existían esos lugares adyacentes en el camino; esas otras certezas de las que se nutría la realidad en su conjunto y que, por tanto, tenían un peso en su destino, el cual venía dado y era clave. Los hados y la comunicación con lo oculto, sacro y vedado fluían por un lenguaje secreto y un medio, el de la mujer.

Sin duda la brujería, el chamanismo o la hechicería, en sus sentidos más nobles, de virtud espiritual, era cosa de ellas, por la especial e inherente percepción y sensibilidad femenina. Incluso cuando el hombre operaba a tales fines y se convertía en rarg (Odín es uno de los personajes que lo hace), cuando esa figura masculina se transfiguraba y era capaz de enlazar con los velos, la adivinación y los signos vedados, lo hacía a través de una especie de transformación de género.

No es extraño que suceda, dada la idiosincrasia de los pueblos escandinavos durante la Alta Edad Media. Y es que los ritos mágicos, además, conllevan para ellos una importantísima carga sexual, de tal forma que la mujer hace de cauce para que se desborde el deseo y la la fertilidad, donde esos elementos hacen de guía. Fruto de ello vemos los conceptos que acompañan a la hechicera o al mago, como la vara y el falo, y cómo son usados por los iniciados: se restriegan por él o a través de él, haciéndolo girar, como maniatando el destino, quebrando sus costuras y viendo sus designios. Se retrotraen delante y atrás. Gira porque el hechicero se retroce y moldea el tiempo. Estos aspectos son socialmente vistos como positivos en el caso de las mujeres y no tanto en el talante masculino, pruebas hay en las connotaciones negativas de las que han quedado registros, los nid.

Dicho lo cual, brujos, chamanes, iniciados o mágicos son para los vikingos algo indeterminado, otra cosa; puede decirse, algo más. En los escandinavos medievales existe un respecto reverencial por los espíritus y los videntes, por su tacto con lo oculto, que siempre está presente. Sin embargo, esta virtud tiene un alto precio, uno que vemos en las sanadoras-brujas occidentales: son consultadas/os pero son alejados de la comunidad, viven al margen de ella.


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One response to “Diarios de mujeres desde el Valhöll”

  1. […] realidad, los restos óseos del individuo todavía no han asegurado que se trate de una mujer, pero el hecho de que se hayan encontrado esos broches ovalados, objetos que siempre han aparecido […]

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