Nada hay de casualidad en el mundo vikingo y el número nueve es de lo más intencionado en la mitología nórdica…

Sin ir más lejos, Odín, el poderoso, posee dieciocho hechizos, el doble de nueve. A Thor, por su parte, le esperan sus nueve últimos pasos justo antes de morir cuando sea que llegue el Ragnarök; un dios del trueno que a su vez acabó con el gigante Thrivaldi, de nueve cabezas.

Como esta epifanía, Heimdall posee nueve madres; Freyr quiere yacer con Gerthr, a quien espera durante nueve noches, mientras que Ran y Aegir engendran nueve hijas… ¡Y la cosa no se detine ahí!

El mismísimo JRR Tolkien bebió del mito de Draupnir y ese número mágico para los 𝘷𝘪𝘬𝘪𝘯𝘨𝘦𝘳. En el Valhalla son ocho (más uno y, por tanto, nueve) los anillos que caen de él… cada novena noche. Hasta los ritos de Uppsala son cada nueve años y se celebran durante nueve días. Y, por supuesto, existen nueve mundos y, por tanto, a ellos se oponen esos ‘infiernos’.

De la misma forma que su mitología resplandece al calor del nueve; de igual forma que su sabiduría heredada y transferida confiere a ese número un poder excepcional, la arqueología nos revela que esa conexión fue profunda. En Götavi (Närke) hay una prueba arqueológica espectacular al respecto: allí nos encontramos ese mismo número de amontonamientos de piedras recibiendo una enorme cantidad de restos sacrificiales.

  • El nueve es la clave, busca el nueve y hallarás la respuesta…


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One response to “Al mundo vikingo le obsesionaba un número”

  1. […] sin adentrarse en la complejísima, vivísima y muy móvil idea de la realidad que poseían estos pueblos y que heredaron, entre otras civilizaciones de raíz común, los vikingos. En este entendimiento […]

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