Mosaico romano de un perro.

5.300 huesos relacionados con unos 140 perros que vivieron en la Roma imperial son el objeto de análisis de un equipo de investigadores en Inglaterra. Concretamente hablamos de un pozo excavado en Nescot, utilizado durante los siglos I y II de nuestra era. Pues bien, el equipo dirigido por la arqueóloga de la Universidad de Reading, Ellen Green, ha hecho importantes descubrimientos que aportan más datos sobre los perros y su relación con la sociedad romana.

Cariño a los perros en la roma imperial

Una de las averiguaciones más interesantes está relacionada con el estado en el que se halla esta enorme cantidad de restos de perros encontrados. La mayoría de las lesiones de los cánidos están relacionadas con la actividad y el envejecimiento, fruto de lo cual se infiere que eran perros bien cuidados; hasta tal punto que se cree que hubo endogamia entre ellos y que esta quizá no fuera intencionada (dados los precedentes parejos en la Britania romana). Es más, pese a hallarse en el pozo, algunos de estos perros alcanzaron una gran longevidad, desarrollando artrosis y otras afecciones similares.

Reconstrucción de Roma y el Coliseo.

El lugar de las excavaciones es muy llamativo, ya que los restos yacían depositados en un pozo ovalado romano-británico de unos 4 metros de profundidad, excavado en la creta y colmatado entre finales del siglo I d.C. y principios del siglo II d.C., el cual es de una envergadura muy superior a la de otros pozos similares hallados en el área alrededor de Ewell u otros parecidos de las islas.

Sabemos que los perros fueron muy importantes en la cultura romana, desempeñando papeles tan determinantes como la compañía o como pastores y guardianes. Aunque la cosa no acaba ahí. A veces fueron parte de trascendentales rituales de curación y purificación —tal cosa sucede con la asimilación del dios celta Nodens—, donde la selección de los ejemplares para estas prácticas se realizaba minuciosamente por raza, color o sexo.

Con ello y la multitud de datos registrados y analizados en el pozo se ha concluido que estos cánidos, sobre todo de pequeño tamaño (menores de 35 cm), no solo fueron bien cuidados y mantenidos, sino que su final pudo haber estado vinculado a ceremonias rituales, especialmente porque junto a ellos también se han hallado restos humanos.

Estudio: Science Direct, ‘The pathology of sacrifice: Dogs from an early Roman ‘ritual’ shaft in southern England’

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