¿Recuerdas tu libro favorito de la infancia?
El Hobbit es el principio de esa aventura que un niño deseó vivir, y Bilbo ese aventurero que ese chaval no se atrevió o le dejaron ser.
Ese niño se pregunta si quizá la construcción de la bestia protagonista, Smaug, fue un desliz de JRR Tolkien, pero, mirando el asunto en perspectiva (y justicia) tampoco el escritor vería venir en qué se convertiría su especie… O quizá sí y por eso construyó otros humanoides menos corrosivos.

Sea como fuere, ‘El Hobbit’, reposando en un polvoriento pero eminente espacio de la librería, sigue siendo la añoranza escondida y expectante de un adulto llamado a desobedecer, a hacer algo insólito y extravagante. Tal vez en la actualidad y mirando al futuro, el niño dormido en su carcasa madura sólo necesite un empujón; venga este de un mago, unos enanos, un dragón o tal vez de todos a la vez.

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