Compilados principalmente en la primera mitad del siglo XIII, el Códex Buranus es un códice formado por cerca de 300 composiciones de cantos goliardos procedentes de esa centuria y del siglo anterior, el XII. No parece existir una delimitación estricta entre las composiciones de ambos siglos, pues su transmisión fue en gran medida oral antes de su fijación escrita. Su origen es anterior, pueden encontrarse ya en el siglo XI, donde aparecen los cantos profanos sobre el mundo, la vida y los placeres. Las fuentes sugieren que estos primeros testimonios no constituyen aún un corpus homogéneo, sino más bien antecedentes dispersos de la tradición goliárdica
Sin embargo, debemos su popularidad a que fueron reunidos en el manuscrito hallado en Benediktbeuern, a comienzos del siglo XIX, concretamente en el año 1803. Su descubridor fue el historiador Johann Christoph von Aretin (1772-1824), y este a su vez sirvió de base para que el compositor alemán Carl Orff (1895-1982) los popularizara. Si que es cierto que con matizar que la obra de Orff es una reinterpretación moderna, no una reproducción fiel del repertorio medieval.

Principalmente escritos en latín y por una variedad de autores anónimos, estos textos se complementan con extractos lingüísticos muy diversos, desde el alemán medio al francés antiguo, formando un corpus que, junto a los Carmina Cantabrigiensia y los Carmina Rivipullensia, constituye una de las representaciones más fieles y populares de la literatura goliárdesca. Estos textos no son los únicos registros goliardos, sin embargho gran parte de su producción se ha perdido o no ha sido conservada en compilaciones similares.
En verdad hablamos de creaciones extraordinariamente disidentes y novedosas, incluso viéndolas desde la perspectiva actual. De naturaleza satírica y crítica ante el estamento clerical, el dominante de la época, y también hacia la vida monacal, el funcionamiento de la sociedad y los estratos del poder, especialmente los de la Iglesia, su temática incide especialmente en la vida amorosa y carnal, que roza lo explícito y profano. Si bien es cierto esto, también lo es que la variedad de cantos goliardos era amplia, y a la vez escriben más allá de lo subversivo, explorando composiciones de carácter moralizante o didáctico. Lo que sí está claro es que algunos de ellos invocan la necesidad de disfrutar y liberarse, de, en suma, desobedecer los poderes fácticos para descubrir los instintos y sentimientos de libertad. Pese a que pueda criticarse esta lectura contemporánea de sus textos, es evidente su carácter transgresor.
Para la eternidad ha quedado una melodía sobrecogedora…


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