
Los vándalos escribieron sus páginas de gloria en el Mediterráneo a través de una estirpe de conquistadores y supervivientes, tres reyes, padre e hijos, que llegaron a someter a Roma y tras los cuales ha quedado un legado injusto de impronta latina, pues más que destructores sin motivo fueron supervivientes del imperio saqueador por antonomasia, la propia Roma.

Gunderico (Wikipedia)
Padre de Gunderico y Genserico, Godegisilio (359-406) fue el rey vándalo asdingo que condujo a su pueblo, tras el empuje de los hunos, desde Panonia -lugar de Europa oriental a orillas del Danubio y antiguo territorio de los ilirios- hasta la frontera del Rin, donde murió en la victoria de la batalla de Germania Prima, según Gregorio de Tours, en una coalición con suevos, alanos y silingos contra la defensa franca de la frontera imperial.
Su hijo Gunderico fue también muy notable, saqueó de la Galia a la península Ibérica, siendo un imponente estratega y consiguiendo ascender al título de rex vandalorum et alanorum antes de morir en extrañas circunstancias; tras él, Genserico hizo lo propio con Roma, en el 455, entrando en la capital, saqueándola, pero sin destruirla después de llegar a un acuerdo con el papa León I. Genserico mantuvo en vida a raya a Roma, pasando a su vez a la historia por su defensa del arrianismo y, por momentos, su persecución a los católicos. Estableció un poderoso y duradero dominio en el norte de África, sin embargo, su muerte y la de su estirpe marcó el final del esplendor vándalo.

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