
La reconstrucción de la ciencia histórica del pasado remoto, aun en las épocas históricas (registros escritos), permite conjeturar hipótesis más o menos plausibles de la realidad, en donde la reconstrucción del relato y su autenticidad se basa en el análisis exhaustivo de las fuentes textuales (narraciones, epigrafía, etc…) y materiales, sobre todo procedentes de la arqueología, para contrastar y yuxtaponer elementos que nos lleven por el camino del acercamiento a la verdad.
Así, sabemos con cierta exactitud de la brutalidad de Roma, minimizada por las fuentes latinas, en su trato a sus enemigos, a los cautivos, pero en sus prácticas sociales, como la arena en la que vivían y morían millones de animales y otros tantos miles de esclavos; léase, los gladiadores. Pues bien, ahora, fruto de la arqueología, podemos confirmar sendos extremos: esas luchas y fiestas populares, esas carnicerías, no solo existieron, sino que ahora comprobamos su barbarie con rotundidad.
Inglaterra arroja luz
Arqueólogos han descubierto que no solo en la actual Italia, sino en una de tantas provincias romanas, se practicaban este tipo de combates, con sus correspondientes consecuencias. En el norte de Inglaterra, concretamente en Driffield Terrace, lo que otrora se creía un cementerio militar o de esclavos ha revelado ser un depósito de difuntos gladiadores, donde en el cuerpo de uno de ellos se ha constado la mordedura de un león y, por tanto, la pelea entre ese luchador de la arena y el felino, al menos hace unos 1800 años.

El ritual de la muerte
Confirma Malin Holst, miembro notable del equipo de investigadores, no solo eso, sino que han hallado registros sobre ritos funerarios extraños, así como esmalte de humanos de diferentes latitudes y un fuerte desarrollo óseo y muscular producto de la intensa actividad física a la que eran sometidos los gladiadores. A la vez, en el estudio publicado por PLOS One se han desentrañado más aspectos sobre la vida de estos esclavos romanos, elementos que hasta la fecha solo podíamos constatar por fuentes artísticas o textuales; por ejemplo, se sabe que el individuo sufrió malnutrición infantil, que padecía diferentes achaques y lesiones, posiblemente fruto de su posición y desempeño, que la susodicha mordedura probablemente fue la causa de su muerte, debido a que no llegó a sanar, y que, por algún motivo, su cadáver fue decapitado como ofrenda o algún otro motivo aún por clarificar.

En cualquier caso, este impresionante hallazgo en York permite conocer infinidad de aspectos referentes a la vida y la muerte en la arena al servicio de la sociedad del imperio y sus bestiales prácticas no solo en la capital, sino en multitud de sus provincias.
Fuente y publicación:
Thompson TJU, Errickson D, McDonnell C, Holst M, Caffell A, Pearce J, et al. (2025) Unique osteological evidence for human-animal gladiatorial combat in Roman Britain. PLoS ONE 20(4): e0319847. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0319847
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