El impacto cultural de las expediciones españolas y las posteriores europeas en el continente americano han moldeado el actual estado de vida de los americanos, lo cual no quita que rastrear y medir estos cambios sea un trabajo arduo y complejo. Estados Unidos es un claro ejemplo de esto, aunque un reciente descubrimiento en Florida permite acercarse a un aspecto concreto y poco conocido que deja latente cómo estos choques de civilizaciones transformaron lo que hoy es este territorio. Y fíjense hasta qué punto, que una investigación también da base a la actual relación estadounidense con los animales, concretamente con uno con una población por hogar en el país de las barras y estrellas de al menos 46 millones de habitantes.

Efectivamente, si el perro es el rey de los hogares estadounidenses (se calcula que hay unos 65 millones), el gato le sigue de cerca, estimándose su presencia como mascota en 46,5 millones de casas, ¿y saben quién fue uno y probablemente el primero de los motores de esta presencia? Sí, las expediciones españolas, cosa que ha cotejado la arqueología.
Dos, y no eran polizones
Un reciente estudio publicado en American Antiquity ha revelado que en la bahía de Ochusa, actual Pensacola, había presencia de al menos dos felinos domésticos traídos por la expedición de Tristán de Luna y Arellano, que fundó en 1559 Santa María de Filipina. Se han hallado sus restos a bordo del Emanuel Point II, un barco naufragado de la expedición hispana. De sobra es sabida que las inclemencias del tiempo hicieron fracasar el proyecto de Luna y Arellano, pero eso no quita para que se marque en rojo por su antigüedad y circunstancias el hallazgo de un gato doméstico adulto y uno joven. Y no solo eso, sino redefiniendo la relación afectuosa de los félidos con la tripulación.

Actual bahía de Pensacola, Florida (F: Wikipedia)
Se desconoce si ambos gatos viajaron a bordo del navío fruto de la intencionalidad humana -se suele considerar, para dar cuenta de ratones y ratas- o se colaron en él, pero el estudio no solo ha expuesto su presencia, sino que ha demostrado que ambos gatos se alimentaban de la misma dieta que los marinos, lo que deja entrever que fueron cuidados por estos. Así, los exámenes de los investigadores de la Universidad de West Florida han comprobado, mediante análisis de isótopos, que la dieta de los gatos no estaba basada en consumo de ratas o roedores, sino sobre todo en pescado y posiblemente carne doméstica. Se sabe, a la vez, que los gatos eran bien vistos por los marineros de la época, que además pensaban que no solo eran beneficiosos, sino que daban suerte. De esta forma, el hecho arqueológico afianza la teoría de que el gato llegó a Estados Unidos procedente de la península Ibérica y que el afecto entre estos felinos y los humanos viene de lejos; en el caso de EEUU, de España.
Publicación: Exploring the Arrival of Domestic Cats in the Americas
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