La evidencia arqueológica, la cultura material hallada y el abandono gradual de ideología eurocéntrica nos ha llevado en los últimos tiempos a cambiar el paradigma con respecto a los neandertales, quienes ya no son criaturas inferiores sino iguales. Estos humanos con mayúsculas van despegando su verdadera naturaleza desde las entrañas de la tierra, en algunos casos incluso superando al Homo sapiens. De hecho, son ellos los que, a raíz de un reciente descubrimiento en Rusia, se sitúan como los primeros dentistas de la humanidad.
Un equipo de científicos ha descubierto en la cueva de Chagryskaya, situada en las montañas de Altai, en Siberia (Rusia), un diente intervenido con una antigüedad de 59.000 años. La pieza presentaba pruebas de propósitos médicos o curativos, en la que es la primera evidencia de una manipulación de este calado en una cavidad dental en la historia evolutiva humana.

Los restos se tratan de un molar inferior de un neandertal adulto, el cual presentaba un orificio profundo, fruto de una infección o degeneración dental, que conectaba con nervios y vasos sanguíneos. Lo curioso es que el diente poseía arañazos alrededor del agujero, lo que revela una clase de manipulación deliberada sobre un problema de salud doloroso. Pero hay más. Junto a estos restos se hallaron herramientas sofisticadas, de piedra de punta fina, que concuerdan con la hipótesis de la construcción intencionada para reparar una caries.

Los resultados presentados en la revista Plos One así lo atestiguan. En ellos, a través de “análisis macroscópicos, microscópicos y microtomográficos”, se hallan “pruebas contundentes del primer caso documentado de intervención invasiva en el tratamiento de caries dentales” (Zubova et al., 2026), lo que certifica que los neandertales sabían no solo localizar una infección de este tipo (lo que hace pensar en otras muchas), sino que poseían avanzados conocimientos de fabricación de útiles específicos y técnicas para aliviar esa dolencia concreta.
Otro salto más de humildad y sorpresa
Los neandertales vivieron en esa zona del suroeste de Siberia hace 49.000 y 70.000 años aproximadamente, y este hallazgo no hace sino elevar aún más una especie que como mínimo nos miró a los ojos mientras convivimos juntos como los últimos humanos de la Tierra. Hay constatación de existencia de pigmentación y arte rupestre en ocupaciones neandertales; así como pruebas de su control, con enorme destreza, del fuego; de consumo de una dieta diversa y cocinada, o de construcción de estructuras complejas. Y los cruces genéticos sapiens han revelado que los neandertales en realidad no se extinguieron, sino que viven en nosotros.
En definitiva, el Homo neandertalensis ha derribado, pese a su desaparición, la idea preconcebida que los colocaba como los seres toscos e involucionados que la ciencia eurocentrista describió en el siglo XX. Ahora, desde la primera década de la presente centuria, el enfoque científico multidisciplinar los mira con otros ojos; ojos de sorpresa, si cabe, de hermanamiento y fascinación. Hasta de cariño, el que se debería tener por el pariente más cercano que hemos tenido.
Hoy el Homo sapiens trata de reconstruir la aventura evolutiva de esos otros humanos que se perdieron; humanos altamente adaptables, con pensamiento simbólico, una enorme capacidad intelectual, tecnología compleja y capacidad de hibridación con nosotros mismos.
Fuente: Zubova A.V., Zotkina L.V., Olsen J.W., Kulkov A.M., Moiseyev V.G., et al. (2026). Earliest evidence for invasive mitigation of dental caries by Neanderthals. PLOS ONE 21(5): e0347662. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0347662.
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