Uno de los parientes más cercanos que tenemos en la rama evolutiva del género Homo, y uno de los más exitosos, además de mediáticos en los últimos tiempos -ahí está el descubrimiento de Pink, el hallazgo de la cara humana más antigua de Europa occidental en la Sima del Elefante de Atapuerca– es sin duda Homo erectus. Precisamente por ello sus pasos siguen no solo reinterpretándose en la actualidad, sino ampliando su recorrido, como demuestra un reciente estudio proveniente de Java, su cuna expansiva fuera de África hace unos 1,6 millones de años, el cual revela nuevas colonizaciones y comportamientos en esta especie fundamental.

Fragmento mandibular de Homo erectus de hace 1,6 millones de años, hoy en el Senckenberg-Museum de Fráncfort, Alemania (F: Wikipedia)
Como suele ocurrir en la arqueología y más concretamente con la paleoantropología, las infraestructuras han dejado al descubierto nuevos hallazgos clave en el entendimiento del pasado remoto del ser humano. En este caso hablamos de dos fragmentos de cráneo de estos homininos de una antigüedad de 140.000 años, que han aparecido junto a otros 36 restos de vertebrados, todos ellos encontrados durante el proceso de dragado en el estrecho de Madura, entre la Isla de Java y la Isla de Madura. En lo que respecta a los huesos de H. erectus, el equipo de investigadores, procedente de la Universidad de Leiden (aunque compuesto por especialistas de Indonesia, Australia, Alemania y Japón), responsables de la publicación, realizada en ‘Quaternary Environments and Humans’, ha constatado evidencias de una mayor movilidad de la que se tenía constancia en esta especie en Java y, además, nuevas formas de comportamiento, posiblemente asociadas a contactos y aprendizaje con otros grupos humanos.

El estrecho de Madura al norte de Surabaya, con la zona de extracción de arena y de los hallazgos (F: Quaternary Environments and Humans)
Entre estas nuevas certezas se puede citar la de una mayor dispersión de la especie gracias a un corredor llamado Sondalandia, una superficie de tierra, hoy sumergida, en forma de enorme llanura que conectaba el continente asiático con el archipiélago indonesio. Así, la superficie de tierra, por la que se habría movido Homo erectus, concedía abundantes recursos a este y le permitió, posiblemente, interactuar con otras poblaciones y aprender nuevos recursos, como la caza. La publicación cita la caza de bóvidos fuertes y sanos, algo totalmente desconocido en erectus y que pudo haber aprendido de otras poblaciones humanas, con las cuales incluso podría haber intercambiado genes. “El Homo erectus podría haber copiado esta práctica de estas poblaciones. Esto sugiere que pudo haber habido contacto entre estos grupos de homínidos”, comenta al respecto uno de los responsables del proyecto, Harold Berghuis.
Desde que en la última década del siglo XIX (1892), el médico Eugene Dubois, también holandés, descubriera los primeros restos fósiles de la especie al lado de Trinil, en la Isla de Java, llegando después otros tantos en Sangiran o Ngandong, el estudio de la evolución y el desarrollo de H. erectus sigue arrojando más de 100 años después nuevas pistas tan sorprendentes como claves en el entendimiento de nuestro más remoto pasado.

Restos originales de Homo erectus descubiertos por Dubois en Java entre 1891 y 1892 (F: Wikipedia)
Fuente y publicación original: A late Middle Pleistocene lowstand valley of the Solo River on the Madura Strait seabed, geology and age of the first hominin locality of submerged Sundaland
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