¿Qué te motiva?
Los salmones.
Luchan contra la corriente, es decir, pelean contra el medio y sus circunstancias porque desean un fin mayor. Insisto: nadan en una dirección opuesta al curso del río, lo desafían. Guiados por los campos magnéticos de la Tierra, se esfuerzan por volver al lugar del que salieron y al que nunca volvieron. Tratan de regresar a sus inicios pese a las enormes dificultades que conlleva intentarlo: desde los depredadores y el curso natural del agua, a un esfuerzo que en ocasiones los conducirá a la muerte. Lo saben y aun así lo hacen. ¿Por qué?
Por el mejor de los motivos: deben hacerlo.
¿Es diferente el curso que toman nuestras sociedades a la causalidad que se opone al ciclo del salmón? No lo creo. Por el esfuerzo de sus padres, los huevos de salmón obtendrán un lugar único en oxígeno, necesario no solo para sobrevivir, sino para prosperar, y un ambiente idóneo, lejos de amenazas de ser devorados. Y no es un emplazamiento cualquiera, es justo el lugar que ellos mismos conocieron y que les permitió ser.
No hay nada banal en ese acto, sino todo lo contrario: un heroísmo auténtico. Es un canto a la ancestralidad. Mientras el mundo fluye hacia un mar vasto, nuevo, donde las identidades son digeridas y diluidas, el salmón es el único que decide volver a la raíz.
Por eso me motiva la rebelión, la disidencia, la desobediencia. Y el revisionismo histórico crítico y riguroso, la demolición de la homogenización de la vida, la magia viva de la natura, lo natural y los transeúntes que caminan entre los márgenes estéticos y estilísticos.
Y, por supuesto, la vida echada a un lado.
Seamos salmones, fuente de vida pese a tanta muerte.


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