
El uso del fuego se ha atestiguado en las poblaciones de homininos —todo primate erguido y bípedo— desde hace al menos 1 millón de años, un uso que aportó soluciones de excepcional valor para estas poblaciones. Una vez que nuestros directos antepasados alcanzaron su domesticación, convirtieron su utilización con gran diversidad de objetivos y lo hicieron con maestría.
Lo que no sabemos con tanta exactitud es qué sucedía en su ausencia, es decir, cuando no se podía hacer hogueras. Por ejemplo, ¿qué pasó cuando más necesitaba las llamas el Homo sapiens, justo en el momento en que el hielo dominaba el planeta? Pues bien, un nuevo estudio arroja luz entre la sombra de esta incógnita.
El Último Máximo Glaciar ocurrió en la fase final de la glaciación Würm (que duró desde el 110.000 al 9.700 a. C), concretamente durante una franja entre los 26.500 y los 19.000 años, y paradójicamente durante ese momento, cuando el sapiens se quedó ‘solo’ como especie humana sobre la Tierra, es cuando menos evidencias del uso especializado del fuego se han hallado. En esa franja temporal hay una extraña escasez de estructuras de combustión O al menos eso se creía hasta ahora, porque un estudio realizado en Ucrania, en el Valle Medio del Dniéster, demuestra no solo que unos seres humanos usaban el fuego en esta época, sino que poseían un excepcional control del mismo.
Un equipo de investigación coordinado entre la Universidad del Algarve y la Universidad de Viena ha hallado evidencias sobre tres hogares donde se hace un uso diferente del fuego y las chimeneas en distintas estaciones. Los hallazgos, fruto de la aplicación de modernas técnicas geoarqueológicas, atestigua la sofisticación de estas hogueras, así como la alimentación de las llamas para diferentes objetivos y con variabilidad de técnicas. Hablo de usos que combinaban desde la madera a posibles utilización de huesos y grasa como combustible, alcanzando en algunos casos temperaturas cercanas a los 600 grados centígrados.
La publicación es especialmente reveladora si tenemos en cuenta que pese a la maestría en el uso del fuego de aquellos humanos, en general hay un largo desierto evidencial de hogueras en esa época del Paleolítico Superior, cuando el hielo más arreciaba. De ahí las dudas. Al confrontar esta revelación con la ausencia masiva de evidencias, surgen otras preguntas: ¿Por qué en el yacimiento Korman IX sí hay evidencias? ¿Por qué en otros no? En esos sitios, ¿tal vez se dejaron de usar las chimeneas en favor de otras técnicas? De ser así, ¿cuáles? Cuando no aparecen registros de ellas, ¿es posible que otros humanos de otros lugares no hallaran combustible? Y en tal caso, ¿cómo prevalecieron? ¿O tal vez los registros se han borrado debido a las condiciones extremas por acción de la erosión y el viento?
En definitiva, muchas preguntas clave por resolver entre las que se cuela esta publicación, la cual pretende ser un hilo de luz en la oscuridad. O al menos una linterna que valga de guía.
Publicación:
William Chase Murphree, Cruz Ferro‐Vázquez, Larissa Kulakovska, Vitalii I. Usyk, Olesia Kononenko, Marjolein D. Bosch, Paul Haesaerts, Freddy Damblon, Stéphane Pirson, Philip R. Nigst y Vera Aldeias: Uso del fuego durante el último máximo glacial: evidencia del Epigravetiense en Korman ‘9, Valle Medio del Dniéster, Ucrania. En Geoarqueología , 40(2), e70006, 2025
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