Conforme el tiempo va echando capas de polvo sobre las generaciones, las esperanzas de llegar a un final satisfactorio sobre crímenes sin respuesta se desvanecen. En España hay dos casos concretos que siguen sin resolverse, permanecen enfangados en el misterio, dos hitos macabros sin culpables que involucran un gran número de muertos y cuyos responsables parecen haberse esfumado, como los años.
Accidente mortal e inexplicable desaparición en Madrid
En la noche de san Juan de 1986 se produjo un caso insólito en España, la muerte de un matrimonio en Somosierra y la desaparición de su hijo, Juan Pedro Martínez. Este caso es particularmente perturbador porque la pareja transportaba ácido sulfúrico en un camión que sufrió un percance mortal para ellos y que no dejó rastro sobre el paradero del niño, por entonces de 9 años.
En un principio se pensó que el ácido podría haber disuelto el cuerpo del pequeño, pero esa hipótesis se descartó, más que nada porque su progenitor sí había recibido parte del contenido de la cisterna y su cuerpo, aunque dañado, seguía presente. Tras ello, ciertos testigos y los hechos empezaron a señalar en otras direcciones, a cuales más rocambolescas y dramáticas. Y desde entonces, confusión.

Reconstruyendo los hechos la oscuridad crece. El tacógrafo del camión reveló otros datos inquietantes: el vehículo se había detenido 12 veces en 18 kilómetros. Andrés, el padre, había conducido durante el tramo final a una altísima velocidad. Sendas pruebas han llevado a familiares y ciertos investigadores a una conclusión: el camión estaba siendo obstaculizado de alguna manera. Y, por si fuera poco, se añaden nuevos datos, la aparición en la escena según testigos de una Nissan Vanette con dos ocupantes que se habrían acercado al camión accidentado, donde yacía la familia. Pero ahí no acaba la cosa, al mismo tiempo van surgiendo indicios, nada claros, de implicación del narcotráfico en el suceso.
En conjunto supone un rompecabezas enorme cuyas huellas se han ido diluyendo con los años, y todas las pesquisas, 39 años después, han llevado al mismo callejón, en el que no hay salida. Nada.
La matanza sin móvil y en tierras de aristócratas y militares
Aproximadamente 11 años antes, el 22 de julio de 1975, se produjo en Paradas, Sevilla, otro crimen sin desenlace, donde en esta ocasión murieron cinco personas, todos ellos trabajadores de un cortijo andaluz, el de Los Galindos, sin que haya aparecido hasta el día de hoy el (los) culpable (s). En verdad, en este macabro asesinato múltiple ha habido multitud de hipótesis y errores, incluso de quien perpetró los crímenes, pero ninguno sirve para explicar quién llevó a cabo los crímenes, ni siquiera cuál fue el móvil.
Hablamos de la muerte a golpes con una barra de metal de dos de las víctimas, y de otra más, a punta de escopeta. Las dos últimas, que presentaban múltiples contusiones, además fueron quemadas. Es decir, una carnicería en la que los tiempos y los motivos son una incógnita.
Los asesinatos sucedieron dentro de un recinto propiedad de un marqués, el de Grañina, de nombre Gonzalo Fernández de Córdova y Topete, y su mujer, la verdadera dueña, Mercedes Delgado. El primero era militar de carrera con Franco, como el administrador de la propiedad, Antonio Gutiérrez Martín, y lógicamente hacia ellos, sin suerte, debían ir encaminadas las investigaciones modernas, al menos así lo asegura un conocedor del caso, el periodista Francisco Gil Chaparro.

Sin embargo los problemas para reconstruir los hechos son enormes, como si alguien se hubiera esforzado en ocultar las pruebas. El sumario del caso 20/75 desapareció en 2014 y el hijo del marqués, Gonzalo, publicó en 2020 datos que dejan entrever que quizá su padre sabía la autoría de los hechos. Por último y para más enredos, la historia familiar revela un sinfín de desavenencias, con desheredados y trifulcas, que embarullan aún más la historia, la cual prácticamente 50 años después, con los propietarios de la finca ya muertos, sigue sin encontrar culpables.
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