Antes de Dyoser (III Dinastía) y su legendario arquitecto Imhotep -después idolatrado y asumido como el Asclepio griego- los faraones tinitas construían sus tumbas bajo tierra, como un símil de la colina primigenia artificial. Y lo hacían sobre construcciones de adobe, pero Netjerkhet (título de Horus de Zoser, Divinidad del cuerpo) realizó un esfuerzo superior para el tránsito al Más Allá. ¿Cómo? Con la proyección de una pirámide, la escalonada de Saqqara.
Tras Zoser, después de varios reinados efímeros y algo disgregadores, Egipto fue gobernado por Huni, y con él la monumentalidad adquirió nuevos tintes, formando un corpus evolutivo singular que debía confluir en las pirámides de Guiza, las denominadas perfectas.
Huni -seguramente por motivos políticos y logísticos- trasladó más al sur su pirámide, a Meidum, junto al próspero oasis de El Fayum, pero incidió en la necesidad de presentar una enorme ofrenda destinada al culto solar y, por extensión, también al poder terrenal regio. Se hizo elevar. Por ello construyó su pirámide en nada menos que ocho escalones, dos más que Zoser. Aún así, su gran importancia como monarca radicó en su pragmática plasmación como señor de las Dos Tierras, adoptando el nesu-bity.
Desde él, esta titulatura quedará reflejada en los cartuchos reales.

Huni hizo de impulsor de la época dorada de las pirámides, del nuevo culto a la muerte y la vida. Es en esa IV Dinastía cuando surgen las edificaciones llevadas a cabo en Dashur y Giza. Y vendrían mejoras. Uno de esos relevos notables lo construye nada menos que Esnofru, quien realizó los más intensos avances en sendos planos. Sin ir más lejos su estela quedó inserta en una pirámide, junto a la conocida como romboidal o acodada. Además rubricó el fundamento dual; señor de las Dos Tierras, de los valles y el delta del río sagrado, con el junco y la abeja (nesut-bity). También adoptó y perpetuó la doble corona, símbolo del Alto y Bajo Egipto, el pschent, así como el flagelo, el nej-nej. Asimismo, Snofru quedó desde entonces bendecido por las dos señoras, nebty, Uadyet y Nejbet.

Después, llegaría su nieto Kefrén (hijo de Keops), que añadió el título solar de Hijo de Re.
Y es así como cada parte del puzle fue aglutinando capas, enraizando y haciéndose indisoluble de esa monumentalidad que personifican en la actualidad las pirámides del Antiguo Egipto, símbolo inigualable de eternidad.
- Podcast Episode: Revolución Francesa y Constitución de 1812, dos tragedias humanas y naturales
- Revolución Francesa y Constitución de 1812, dos tragedias humanas y naturales
- Hallados los restos de un guerrero destrozado por una máquina terrible en tiempos de William Wallace y Eduardo I
- Hallada en Egipto una necrópolis utilizada durante casi 4.000 años
- Moorcock, Stafford y J.R.R: Tolkien: mundos posibles y narrativa del cambio


Deja un comentario