
Como si de un cuento para robar el sueño a los niños se tratara, de esos que se escuchan de soslayo bajo otros relatos centrales —ya saben, de aquellos cuyo retrato surge a menudo a contraluz, disperso, distorsionado sobre el reflejo del actor principal, el que se lleva la carga dramática—, existió un conflicto armado terrible que —con la ayuda, entre otros motivos, del cine— ha corrido el riesgo de quedarse atrapado en un barrio marginal de la multitudinaria ignominia bélica del siglo XX. Pero un artista lo mantuvo vivo.
Minimizado por la mediática Guerra de Vietnam y la voraz Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea ha sufrido la amenaza de irse disolviendo hacia el olvido. Si no lo ha hecho es porque la actualidad exige respuestas (para quien quiera hacerse preguntas) y también porque se puede rememorar la tragedia a través de la mirada precisa del fotógrafo David Douglas Duncan (1916-2018). Entre las muchas virtudes artísticas del genial creador, entre su amplísimo registro gráfico, estuvo la de legarnos la génesis de las dos Coreas… con toda crudeza.
Dos Coreas en una… y Estados Unidos
Desempolvando la lucha entre Corea del Norte y Corea del Sur, aún latente, nos desmarcamos por la historia reciente para hallar otro fracaso de la lucha de bloques: fallo estrepitoso de estadounidenses, soviéticos y actores de peso internaciona; fallo venido de 1945 y estancado desde los tiempos de la llamada Guerra Fría. Dicho de otra forma, Corea fue una honda decepción provocada por la ambición desmedida de las dos grandes potencias vencedoras tras las derrotas alemanas y japonesas (principalmente) en 1945, y de cuyas ambiciones imperialistas surgió una animadversión fratricida de un pueblo partido para siempre en dos mitades.
Puede decirse más, pero no menos. Este fue un conflicto terrible y secundario bajo el pretexto de sujetar dos ideologías antagónicas (cuyos métodos geopolíticos, en verdad y paradójicamente, no diferían demasiado entre sí), las cuales nos han transferido muchos rencores y nulas soluciones. Pues bien, entre ese drama oscurecido llamado Guerra de Corea tomó relevancia sideral Duncan, un fotógrafo de Missouri y, a la vez, un talento único; entre otras cosas, Premio Medalla de Oro Robert Capa de 1951.
Duncan retrató el drama para la eternidad, que es una virtud enorme.

¿Qué fue (y es) el conflicto coreano?
Recordemos que esa otra guerra estalló en 1950 (durando cerca de tres años, sellando su “fin”, que no lo fue, el 27 de julio de 1953 en Panmunjom), todavía con las ampollas latentes, en carne viva, de Hiroshima y Nagasaki (Segunda Guerra Mundial). Brotó como un susurro mal enjaulado tras la derrota del Imperio del Sol Naciente en la segunda gran guerra, sobre todo porque los nipones, llevados por el paroxismo de la sangre y el terror, habían hecho del territorio coreano una colonia más en su afán expansionista. Por aquellas, lógicamente EE.UU. ya andaba por ahí, fija su obsesión sobre la URSS, que es lo que llevó a Duncan al meollo de la lucha. Esta guerra fue ante todo para la opinión pública norteamericana una tumba física e impopular, como sería después Vietnam, de ahí el propósito norteamericano por, en cierta forma, diluir su recuerdo.
Duncan lo impidió: no se puede borrar lo que es evidente.

Fue una guerra, como tantas otras, absurda y sin fin. Y no solo para las Coreas, sino también para EE.UU. Focalizando en las consecuencias para los países extranjeros implicados hay que decir que se estima que el país de las barras y estrellas se dejó bastante más de 50.000 soldados durante esos tres años de lucha (la cifra oficial del Departamento de Defensa establece 36.574 soldados caídos, pero estimaciones históricas más precisas y hondas señalan la otra caídas, porque añaden bajas importantes, entre enfermedades, heridos y accidentes). En el conflicto, las pérdidas soviéticas fueron muy inferiores —sobre todo materiales, aunque participaron directamente en combate aéreo con el 64.º Cuerpo de Caza—, no así las de China y las dos Coreas, que sufrieron el mayor número de muertos. El conflicto, pese a su paso de puntillas por el imaginario colectivo del siglo XX, se llevó —como poco— entre 5 y 6 millones de seres humanos y, además, dividió hasta hoy Corea, en donde se agravó la animadversión entre las partes hermanas, generando una división física, durísima y prácticamente irreconciliable: el Paralelo 38.
Supongo que, llegado este punto, no debe ser complicado para el lector hilvanar cuántos conflictos, como el coreano, hemos heredado de aquel choque imperialista.

Duncan, un fotógrafo clave para el recuerdo histórico y humano
Lo que está claro es que, si bien es verdad que Duncan logró inmortalizar a lo largo de su carrera a personajes tan notables como John Dillinger o Pablo Picasso e instantes decisivos de la Segunda Guerra Mundial y la citada Guerra de Vietnam, lo cierto es que puede que sus fotos más famosas fueran las del conflicto coreano, que recopiló en su libro ‘This Is War!’, de 1951.
Fuente gráfica y foto de portada: Life. David Douglas Duncan – Corea del Sur, agosto 1950.
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