Observar con cierto temor la escalada de violencia y tensión entre Israel e Irán nos obliga, una vez más (quizá más que nunca) a revisar la Historia para entender algunos de los antagonismos que suceden entre bloques, y allí hallamos que la influencia anglosajona tuvo un peso capital en el (los) peligroso conflicto moderno.
Pongamos los ojos en una compañía, la Anglo-Persian Oil Company (APOC), después llamada Anglo-Iranian Oil Company (AIOC), más tarde British Petroleum Company y en la actualidad BP. Pues bien, esta corporación que operaba en suelo persa, después iraní, de capital extranjero, poseía a comienzos del siglo XX el control exclusivo de la extracción, producción y exportación del petróleo de Irán, fruto de lo cual Mohammad Mosaddeq, elegido democráticamente en el país oriental entre 1951 y 1953, decidió nacionalizar la industria petrolera de su país a su entrada en el gobierno, sobre todo para que las extracciones en su territorio sirvieran en beneficio de la soberanía nacional y la redistribución de la justicia económica iraní.

Pero el Reino Unido no lo aceptó, impuso duros bloqueos a Irán y, después, fue mucho más allá. En 1953 el MI6 británico junto con la CIA orquestaron un golpe de estado contra el gobierno legítimo de Mosaddeq y la intención de este último de eliminar la intrusión extranjera en la economía patria, que ya había sido enorme en el pasado por parte de ingleses y rusos.
Dividido el mundo en dos mitades tras la II Guerra Mundial, británicos y estadounidenses perseguían implantar un avatar occidental en Irán a través del cual las materias primas del país y sus corrientes político-sociales sirvieran a los intereses anglosajones, y desde luego no a los soviéticos.
Puede decirse que la natural injerencia británica halló un aliado en el imparable imperialismo de Estados Unidos durante el siglo XX (del que tenemos fracasos políticos y consecuencias terribles por medio mundo: desde Haití, Chile y Nicaragua a Guatemala, Honduras y entre un larguísimo etcétera) Más concretamente en un Dwight D. Eisenhower (1953 y 1961), quien, en el marco de la Guerra Fría, estaba absolutamente obsesionado por hallar reductos comunistas en cualquier parte del planeta y, por tanto, enemigos en cada esquina. O lo que es lo mismo, adversarios a los que había que eliminar, fruto de ello llegaría en Oriente Próximo la Doctrina Eisenhower (1957).

Este doble intrusismo anglosajón con el fin de apropiarse del petróleo iraní y del curso político y económico en Oriente Próximo tomó nombre y forma con la Operación Ajax, que derrocó a Mosaddeq y situó al Shah Mohammad Reza Pahlavi al mando del país. Una vez logrado el objetivo occidental, la represión del Shah fue muy intensa, valiéndose de instrumentos como el SAVAK, la censura o las desapariciones, que tomaron un rumbo dramático en la Masacre de la Plaza Jaleh, a cuyo amparo se forjó la Revolución Islámica de 1979, que instauró al Ayatolá Jomeini en el poder. Pero no solo eso, se consolidó la secular animadversión iraní a los cantos de sirena de occidente, lo que incluye hoy en día al principal socio norteamericano en la zona, Israel.
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