La violencia humana desatada en el planeta, sus muertes provocadas, casi todas ellas hijas del fanatismo, es oscura y perversa, pero previsible. Ataques como los de las administraciones de Donald Trump o Benjamín Netanyahu no dejan de ser una plasmación pragmática de modelos de sociedades intrusivos, acciones de arquetipos tristemente recurrentes en nuestra historia, porque son predecibles, rastreables, desde sus palabras a sus objetivos, lo que nos hace responsables de sus efectos. Pero ahí fuera hay otras cosas amenazantes, seguramente sujetas a motivaciones más elevadas y que, sin embargo, pueden ser aún más devastadoras que los imperialismos contemporáneos. Prueba de ello lo encontramos en el misterio centenario de Siberia, que esta semana cumple su aniversario.

Concretamente este próximo lunes día 30 de junio se cumplirán 117 años de un evento sorprendente y cargado de enigmas, uno que sigue sin aclararse en su totalidad y, a la vez, se corresponde con realidades rastreables por el razonamiento científico, lo cual lo convierte en un fenómeno aún más inquietante.
Luz azul y estallido inmenso
En plena madrugada de este mismo mes del día 30, aunque en 1908, un puñado de testigos evenkis de la remota taiga siberiana presenciaron una explosión visible y palpable desde amplísimas distancias, (a varios miles de kilómetros, registrándose su estallido en sismógrafos y barómetros europeos y asiáticos) pero cuyos efectos no se investigaron hasta cerca de dos décadas después, concretamente hasta que el mineralogista y experto en meteoritos, Leonid Kulik, de origen soviético, explorara la zona en 1927. El suceso fue descrito como una explosión de luz azulada cuyas consecuencias en la tierra, que comprobaría Kulik, fueron devastadoras, con una afectación en más de 2.000 kilómetros cuadrados de una zona despoblada, que a efectos físicos supuso que unos 80 millones de árboles quedaran destrozados. Imagínense lo que hubiera supuesto esa explosión en Manhattan.

Al instante, sucedido en Yeniseisk, se le llamó el Evento Tungusk y se ha relacionado con un impacto de meteorito, aunque no existen pruebas definitivas de que así fuera, entre otras cosas porque no hay cráteres ni apenas restos espaciales de una colisión celeste salvo ciertas micromuestras extraterrestres. Investigadores de la Universidad Federal de Siberia han sugerido que el cuerpo cósmico rebotó parcialmente volviendo al exterior, que aún así la explosión liberó una energía potentísima y que los daños se debieron a la onda expansiva del primer choque.
Estos y otros estudios científicos estiman que hablaríamos de un cuerpo de unos 30 a 190 metros y que liberó con su incursión una energía de entre 3 y 30 megatones de TNT; es decir, de 200 a 2.000 veces la potencia de la bomba, construida por Estados Unidos, de Hirosima; ya saben, Little Boy, la menor de las dos únicas bombas atómicas utilizadas en la historia por el ser humano contra personas.

Pero, ¿cómo fue aquello? Habría sido un evento similar a los registros del Great Daylight Fireball de 1972 o el bólido de Cheliábinsk de 2013 (o más bien aquellos fueron como el ruso), donde el cuerpo celeste fricciona con la atmósfera provocando esa liberación de energía, pero también es repelido, de modo que su trayectoria queda desviada lejos de la superficie terrestre, volviendo hacia el espacio exterior. En el caso del meteorito de Tungusk, se cree que podría estar orbitando el sol a día de hoy.
¿Hay una amenaza similar?
Quizá, sí. El asteroide 2024 YR4 ha sido lo más notable al respecto últimamente. Estudios sobre este meteorito, que causó ciertas alarmas por su trayectoria muy cercana a la Tierra, confirmaron que no impactará sobre nuestro planeta, pero eso no significa que no sea una amenaza. Se cree que el 2024 YR4 sí podría chocar en 2032 contra la luna (en un 4% de posibilidades), provocando una explosión de 6,5 toneladas métricas de TNT y dispersando unos cien millones de toneladas de escombros al espacio, lo que afectaría a nuestros satélites y a más que posibles naves espaciales que orbiten la Tierra.
- ¿Y si la mejor clase de Historia de tu vida fuera una partida de rol? 3 juegos lo logran
- Malory, Tolkien, Lovecraft y Frank Herbert siguen definiendo la industria del rol: 4 adaptaciones insuperables
- Hallados 30 versos de la ‘Physica’ de Empédocles que reescriben su papel en la física moderna
- La falsificación más trascendental de la historia de Occidente: el padre de Carlomagno y Roma, poder eterno
- Dados, juegos de azar y apuestas hace miles de años: los nativos americanos fueron los primeros


Deja un comentario