Junto al Führer, Adolf Hitler, figuras como Hermann Göring, Joachim von Ribbentrop, Heinrich Himmler, Joseph Goebbels o Bernhard Rust son muy conocidas por el gran público debido a su importancia dentro de la cúpula nazi. También sonará a la mayoría otras de enorme trascendencia en el Tercer Reich, como Ernst Röhm, Albert Speer, Josef Mengele… Sin embargo, hay nombres que pese a sus atroces biografías y su oscura huella dentro del régimen se han ido diluyendo en la memoria colectiva con el pasar de los años. Y como corren tiempos revueltos, cargados de fake news y de tergiversaciones de la Historia, conviene que no olvidemos la cara del mal cuando esta se manifiesta junto a nosotros con toda su crudeza.
Nacido este mal en sociedades occidentales, os traigo 4 ejemplos de figuras de la ignominia que debemos conocer:
1. Odilo Globocnik (Trieste, 1904-1945) es uno de los nombres más eminentes en el Holocausto y quizá uno de los menos recordados. Figura elegida por el mismo Himmler, el cual llegó a designarlo líder de la Aktion Reinhard (plan secreto nazi para exterminar sistemáticamente a los judíos de Polonia), decía vanagloriarse de haber matado a más judíos que nadie. Y posiblemente así fue. ¿Cómo? Fue responsable de los campos de Bełżec, Sobibor y Treblinka, catalogados con cerca de 1,7 millones de muertos. Además, Globocnik también fue responsable de poner al frente de tales objetivos a otro ilustre asesino, Christian Wirth, apodado Christian der Grausame (el Terrible).

Globocnik, con abrigo, en Lublin (F: Wikipedia)
En la maquinaria industrial del horror que figuras como Globocnik orquestaron, se elevaron las cámaras de gas a sistema masivo de eliminación. Esto comenzó en el centro de Bełżec y, por tanto, con la supervisión de Globocnik, que era el gestor principal. ¿Por qué? Un año antes, en 1941, Himmler había ordenado a Globocnik coordinar y organizar el proceso de transformación de los campos de concentración en campos de exterminio, todo ello enmarcado en la llamada Operación Reinhard. Globocnik fue arrestado por una patrulla británica en 1945, pero al identificarlo no pudieron evitar que se suicidara con una pastilla de cianuro.
2. Nikolaus Klaus Barbie (Bonn, 1913-1991), afiliado al partido nazi desde 1937 y miembro de la Gestapo, este oficial de la SS tuvo mejor suerte que Globocnik y Wirth. Mucha mejor suerte.
Fue Estados Unidos quien permitió que el destino fuera más que benevolente con Barbie. Con la rendición de Alemania, el país de las barras y estrellas miró rápidamente al siguiente conflicto que se preparaba en el horizonte ante su creciente influencia y la de su teórico antagonista, la URSS. De cara a la Guerra Fría, los estadounidenses necesitaban informantes, conocimiento, y que estos fueran enemigos de los soviéticos, requisitos que hicieron de este exmilitar alemán uno de los elegidos para salvarse en la quema nazi.
Efectivamente, Barbie fue uno de los dirigentes del Reich que utilizó las ‘ratlines‘: las vías de escape de la justicia que usaron sectores de la inteligencia de Estados Unidos para asegurarse de que criminales nazis pudieran serles de ayuda, aunque esquivaran ser procesados por sus crímenes, ya fuera como agentes secretos o científicos (un ejemplo claro de esto último es Wernher von Braun).

De hecho, los norteamericanos lo emplearon con ahínco en su alienación anticomunista, contra la URSS e incluso frente al Che Guevara. A Barbie se le atribuyen miles de muertos y deportaciones, así como conspiraciones en Sudamérica, donde fue aliado de líderes del peso de René Barrientos o Hugo Banzer. Deportado a Francia en 1983, fue condenado a cadena perpetua en 1987, muriendo de cáncer en la cárcel en 1991.
3. Con Otto Skorzeny (Viena, 1908-1975), además de hablar de un nazi huido, entramos también de lleno en otro espacio, el de las teorías conspirativas de todo tipo, y no es para menos dada su extensa y muy variada actividad. Este austriaco, militar y oficial de las Waffen-SS, se ganó el favor de Hitler por la Unternehmen Eisenfaust (Panzerfaust), una operación en Hungría para asegurar que el país magiar fuera aliado alemán. Pero hizo más cosas. Rescató a Benito Mussolini del Hotel Campo Imperatore en el marco de la Operación Roble; fue el ideólogo de la Operación Greif, que en teoría intentó el asesinato de Dwight D. Eisenhower, y estuvo a un paso de capturar al líder croata Josip Broz Tito, que se le escapó, como digo, por poco.

Pese a este largo historial de hazañas junto a los nazis, la carrera de Skorzeny daría para más. Se cree que fue parte decisiva en la Organisation der ehemaligen SS-Angehörigen (Odessa), por la que miembros de la SS consiguieron huir de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Es más, él mismo se libró de la purga aliada en Núremberg, tras ser parcialmente absuelto de crímenes contra la humanidad. Y no perdió el tiempo, huyó rumbo a España en 1950, donde colaboró con la dictadura franquista, siendo, entre otras cosas, miembro de la agencia Paladín. Aún hay más. Tras su periplo franquista, rindió servicios a Gamal Abdel Nasser, en Egipto, incluso fue contratado por el Mossad israelí; los sionistas lo usaron como mal menor, paradójicamente en su cruzada contra los nazis huidos. Moriría en 1975 en España, concretamente en Madrid, y lo hizo en paz, pese a que nunca renegara de su pasado nazi.
4. Cuatro años más joven que Skorzeny era la despiadada SS-Lagerführerin, Maria Mandl (1912-1948), líder del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau.
Aunque fueron los fracasos laborales los que llevaron a esta bella austriaca de Münzkirchen a los brazos de los campos de trabajo, a los que llegó sin nada, buscándose la vida y el pan, allí se convirtió en un monstruo, según las crónicas.
Los primeros para ella fueron Lichtenburg y Ravensbrück, por ese orden, donde configuró su nefasta leyenda negra.

Algo pasó en este último lugar, porque fue allí donde Mandl se iría transformando en La bestia de Auschwitz, como se la apodó, célebre por sus torturas y matanzas. Se ha debatido el hecho de que quizá fueron su frialdad y crueldad las que impresionaron a sus superiores, que la destinaron al mayor campo de exterminio nazi, situado en Oświęcim. Y allí obtendría su apodo.

Maria Madl durante los juicios de Nuremberg (F: przystanekhistoria)
Según testigos de sus actos, era una escrupulosa defensora de la música clásica, que utilizaba como un ritual de muerte, y también de la desinfección. Dicen que le gustaba sentir el contraste, por eso le fascinaba vestirse con ropas blancas con el fin de ver salpicado el color de la sangre. A sus espaldas se ha echado parte de la responsabilidad de la pérdida de 500.000 almas, y como tal fue juzgada y condenada a muerte en la horca, sentencia ejecutada en 1948, en la prisión de Montelupich.
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