El 27 y 28 de julio son fechas importantes en la obra de William Shakespeare. Concretamente lo son para una de sus creaciones más conocidas, The Tragedy of Macbeth, el relato del rey supersticioso y cruel que cae a manos de sus ambiciones y sus enemigos justicieros. En verdad, la base histórica usada por el poeta inglés para contextualizar su creación, la Holinshed, se ve pronto deformada históricamente en el transcurso de su monumental tragedia, ya que los hechos documentados fueron bien distintos, en algunos casos casi opuestos. Estos acaecieron en el siglo XI, no se refieren a Escocia, sino al Reino de Alba, el rey y sus oponentes fueron probablemente personas muy diferentes y una de ellas no lo depuso tal día como hoy hace casi un milenio, aunque sí lo derrotó.

Detalle de la portada de la versión Second Folio de Macbeth (F: Wikipedia)

Para empezar, Mac Bethad mac Findlaích no fue en vida la figura que Shakespeare representó, consultando, demente, a las Nornas, ni siquiera su marco vital lo fue. Este supuesto monarca en realidad era un señor, mormaer, que residía en Inverness, aunque poseía sangre real, esa que apelaba a Kenneth I Mac Alpin de Alba, considerado como el primer monarca escocés desde un punto de vista moderno y ciertamente nacionalista.

El Macbeth histórico se acerca más bien a una figura notable, un jefe de clanes (en su caso, de Moray) que, como otros, trata de unificar territorios en los que reina la disputa entre multitud de provincias autónomas. Además, se halla entre dos dicotomías, la de la presión desde la Northumberland ‘inglesa’ a la norteña escandinava, bien establecida en los territorios del Norte. Por último, su derecho al trono es legítimo por múltiples razones, entre otras cosas por la ineptitud de su predecesor, Duncan, que distó mucho de ser el anciano venerable que el dramaturgo literalmente se sacó de la chistera. Y en base a todo esto, es ahí donde se insertan a la perfección nuestras fechas y un protagonista de origen vikingo, al que Shakespeare señala como el partícipe de la caída de Macbeth: Sigurd (o Siward).

Antes de hablar del momento y de esta figura, vayamos a los inmediatos precedentes históricos que chocan de frente con la creación de Shakespeare. Macbeth depuso a Duncan en 1040 y lo hizo después de que el padre de este último rompiera las reglas de sucesión dinámicas en Alba, que no Escocia, (el Tonistry) dando las riendas del ‘reino’ a su hijo, que, por simplificar, fracasó en sus campañas de norte a sur. Por eso y porque Macbeth, hijo de Finnlay, tenía acceso por alcurnia al derecho al trono, este se rebeló, cayendo asesinado Duncan y obteniendo el mormaer de Moray el trono.  

Representación de Macbeth (F: Wikipedia)

Tras pacificar y asentar su reino, desterró a los hijos de Duncan, pero uno de ellos, Malcom, fue quien, con el apoyo de Eduardo El Confesor, marchó contra Macbeth derrotándolo gracias a la fundamental ayuda del poderoso ejército de un imponente guerrero danés, Siward, señor de Nortumbria, fiel conde al servicio de Canuto El Grande (rey de Dinamarca, Noruega e Inglaterra) y posiblemente pariente del mismo Duncan y de Ulf Thorgilsson, conocido y honrado jarl danés. Eso sí, Siward habría echado, derrotándolo, a Macbeth el día de las Siete Durmientes (27 de julio) de 1054, según narra la Crónica Anglosajona, pero ese no fue el final de Macbeth ni de su reinado. Sí acaeció su caída tres años más tarde, en 1057, cuando perdió la vida en la Batalla de Lumphanan, donde Malcom persiguió y acabó con Macbeth, quien en todo caso habría sido un valeroso adversario y caudillo.

El contexto de la obra, lo determinante

En lo referente a William Shakespeare y su Macbeth -más allá de las polémicas sobre su autoría junto a otro nombre, Thomas Middleton- hay que decir que el excepcional dramaturgo inglés habría tomado el contexto real para cimentar su construcción literaria, pero lo habría hecho para después someter los elementos históricos a sus licencias y objetivos narrativos, donde lo contextual era despreciado en aras de que su crónica histórica rindiera pleitesía al precepto dramático, y no al revés, por lo que su rigor histórico estaba condenado a ser más bien escaso. La historia de Macbeth es un ejemplo claro de ello, un fin que para el genio de Stratford-upon-Avon (y para la humanidad, dada su impresionante calidad) habría justificado los medios.


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One response to “Fue Shakespeare quien traicionó a Macbeth en julio y con ayuda de los vikingos”

  1. […] Reino anglo del noreste de las Islas Británicas, de toponimia celtorromana, su vigencia arranca prácticamente en la primera mitad del siglo VI d. C., durando una centuria y ocupando una extensión que fue desde el río Foirthe hasta el Tesa. Ida fue su primer soberano, siendo su nieto Ethelfrith, 597-616, (Jenkins, 2021), quien unificaría junto al territorio sureño del Deira el posterior Reino de Northumbria, uno de los territorios en los que subyace el alma de la actual Inglaterra. […]

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