La batalla de Hastings fue la causante. Este fue un conflicto bélico a la muerte de Eduardo el Confesor (1003-1066) que instauró a Guillermo el Conquistador, duque de Normandía, y por tanto de origen vikingo, como señor de la hasta entonces Inglaterra anglosajona. Tal hecho sucede el 14 de octubre 1066, confiriendo al suelo británico un nuevo orden, de un tipo de feudalismo francés centralizador que solo va a permitir acomodar ciertos posos de las instituciones inglesas.
El gran derrotado en la batalla y que de hecho muere en las operaciones militares, más allá de Harald III de Noruega, fue el rey Haroldo II, quien pierde el reino (y la vida). En su familia no solo él lo hace, también cae en el conflicto su hermano, el conde de Northumbria, Tostig Godwinson, quien a su vez trató de usurparle el trono al rey vigente aliándose con el otro líder invasor y derrotado, el citado monarca noruego.
Lo curioso es que el rey anglosajón consiguió repeler las fuerzas conjuntas del invasor noruego y su hermano, ‘el traidor’, a los que dio muerte en la batalla de Stamford Bridge. Guillermo partió solo unos días después de darse esta contienda, desembarcando en la bahía de Pevensey, al sur de Inglaterra. La movilización de tropas por parte de Haroldo y su intento de sorprender al rey normando fueron infructuosos; entonces, debilitado y acosado por el nuevo invasor, pero sobre todo sin caballería, cayó con su ejército.

Con la derrota de la monarquía anglosajona se instaura un nuevo orden, el del reino anglonormando, el cual, si bien políticamente duraría menos de un siglo, cultural y lingüísticamente nunca terminaría, dejando el poso del francés normando en el inglés moderno, en su lengua y cultura.
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