La norma feudal, pero sobre todo real en el ámbito hispano, instauró un sistema de servidumbre denominado encomiendas, que daban al encomendero poder sobre sus siervos a cambio de otorgar protección a estos, ya fuera de índole espiritual, militar o territorial. Esta servidumbre funcionaba como una explotación laboral con apariencia de tutela.

Tuvo una dimensión acentuada en las Indias en el marco castellano, del que bebía, donde fue común precisamente por su papel organizativo, pero también por sus excesos. Sobre estos últimos brilla con especial luz la figura de fray Bartolomé de las Casas, que en contra del sistema descrito consiguió la promulgación de las Leyes Nuevas, precisamente para el buen tratamiento y conservación de los indios. Un auténtico hito de la Hispanidad.

Fundación de Santiago de Chile según Pedro Lira Rencoret. (F: worldhistory)

En teoría, el encomendero asumía responsabilidades hacia los indígenas bajo su cargo; sin embargo, en la práctica, el sistema carecía de mecanismos de control eficaces. Cabe además decir que es cierto que el beneficiario, en la teórica, se veía obligado a contraer ciertos compromisos sobre el grupo indígena, pero el sistema de control se vio desfasado con asiduidad, desposeyendo de garantías reales a los últimos, que en suma se sometían a trabajos forzados.

Fue así básicamente porque estos sistemas obligaban a la población local a un control superior, es decir, a un control jerárquico externo sobre esa población indígena. Es más, algunos de sus mecanismos llevaban a los indígenas a ser recluidos en núcleos poblacionales y territoriales y, a la vez, a ser dependientes de servir a quien percibía el tributo, que, en última instancia, correspondía al rey: el encomendero.

Como sistema de control de la población fue eficaz, ya que además se constituyó introduciendo figuras mediadoras que amainaran las disfunciones entre las dos partes, como fueron los caciques, que trataban de aunar dos cosmovisiones antagónicas: las de colonizadores europeos y las de los indígenas americanos. Con todo, aunque el encomendero veía refrendados sus derechos por el trabajo o servicio personal de estos indios encomendados, lo cierto es que el sistema habitualmente permitió abusos sistemáticos contra la población indígena.


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