El corpus religioso que componen los Textos de las pirámides son un compendio de ceremonias adaptadas a la epigrafía funeraria y que poseen un saber espiritual variadísimo de calado social y religioso. Para adentrarse en ellos se puede seguir un itinerario bastante preciso, incluso atravesando su piel mitológica. Podemos hacerlo del interior al exterior o si se quiere en su forma ritualística, a la inversa, siendo en este caso otra vez los pájaros quienes indican la dirección con su vuelo a un horizonte que ofrece mejores perspectivas. Las aves en el sentido mágico de los Textos surcan el cielo cósmico, enseñando la dirección de la lectura de los Textos y, por tanto, también su interpretación.
Pero demos ese salto mágico y misterioso, hagámoslo en materia y esencia.

La propiedad del ritual, su propósito, se expone mediante la unión de significados. Así, el ba (esencia individual) y el ka (fuerza vital) se unen correctamente mediante el sakhu y se transformen en el akh, curiosamente representado por un ibis crestado. Tras ello, el corredor de la pirámide juega de plataforma, mostrado al visitante moderno su error: donde vemos una entrada en realidad solo hay una salida, la que debe ser. Por esa pasarela estelar el rey abandona el mundo inferior, la Duat, para ser lanzado en vuelo hacia las estrellas imperecederas, el Akhet.
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