Conocer y baremar el tiempo y los ritmos de los pobladores escandinavos medievales es una labor ardua y compleja, mas se puede rastrear cuándo en su dura vida de hielo y frío además calló la desgracia con una oscuridad de ceniza que ocultó el sol y las viejas formas para hacer emerger otras muy distintas. Aquel suceso disecó los banquetes comunales sin fronteras, bajo el amplio cielo, y dio paso a otros celebrados entre los muros de edificios de poder, las paredes de las grandes salas.

Y de nuevo la naturaleza tiene la mayoría de las respuestas para estas drásticas mutaciones hacia esa sociedad que “conocemos” como vikinga.

Representación artística del juicio final vikingo. (F: vkngjewelry)

Algo bestial, de enorme magnitud y terribles consecuencias, sacudió Escandinavia ya entrado el siglo VI. Fue un suceso lo suficientemente brutal como para fragmentar el devenir de los pueblos del norte, reconfigurando totalmente sus comunidades. Posiblemente además de esta catástrofe hubo otras causas subyacentes -heredadas del siglo V, incluso de tiempos más remotos- aunque es seguro que el Gran Invierno fue uno de los principales elementos que propulsó las transformaciones culturales extremas que iban a suceder a esas gentes. ¿Y cómo sucedió? Como digo, por imposición de las fuerzas naturales.

Los estudios geológicos certifican que durante el final de la primera mitad de esa sexta centuria ocurrió un desastre ambiental que sumió en la penumbra el modo de vida escandinavo y provocando en sus gentes una reacción igualmente feroz. Algo que marcaría su pensamiento, su forma de ser y estar en la tierra. Aquellos contundentes acontecimientos fueron erupciones volcánicas enormes, y resultaron tan masivas que disolvieron las formas de vida norteñas venidas de la Edad de Hierro, haciendo emerger unas nuevas; es decir, esa raíz vikinga. Exprimidos al máximo los antiguos modelos de población de los pueblos del norte, esos cambios climáticos radicales, el llamado ‘velo de polvo’, provocaron el lento proceso de formación de una cultura imponente, jerarquizada, complejísima, dinámica, hambrienta y que iba a cambiar, con sus incursiones, el curso de la historia de Europa.

Por tanto, ese suceso incrustó un recuerdo motriz en la mitología vikinga, una promesa que nunca olvidaron estos pueblos del norte y que los definió para vivir y morir bajo sus parámetros. Por eso para los vikingos estaba siempre presente la inevitabilidad del destino, una fuerza tan poderosa que sería capaz de profanar la inmortalidad de los dioses en el juicio final, que se presentaría en forma de batalla colosal, el Ragnarok. Allí, todos, dioses, héroes y guerreros, mujeres y niños, morirían cumpliendo con su hado. Esa idea empujó a los seres humanos del norte a tomar y explorar el mundo a su antojo, con determinación y una insolente falta de temor al porvenir, el cual ya estaba escrito. No era para menos esa forma de actuar, al fin y al cabo, cada renglón del camino tenía que ocurrir justo como estaba sucediendo. Como el Fimbulwinter, que los creó y tarde o temprano volvería para llevárselos, a ellos y a cada uno de los Æsir.

Foto portada: The Norse Realms Pt.1 – Jotunheim, ZenMaps


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