Hace más de 6.000 años en la frontera entre Texas (Estados Unidos) y México un grupo de cazadores-recolectores pertenecientes a una cultura desconocida comenzaron a representar sobre abrigos rocosos de piedra caliza unas sofisticadas pinturas, cuya herencia se transmitió durante más de 4.000 años e influyó en las culturas mesoamericanas y en ciertas creencias indígenas modernas.  

Una investigación de la Universidad Estatal de Texas y el Centro de Investigación y Educación Arqueológica Shumla ha revelado que esta cultura nómada comenzó a plasmar un tipo de arte de impresionante perdurabilidad. Insertos en la tradición del Estilo del Río Pecos, estos dibujos se caracterizan por usar métodos estilísticos sofisticados que representaban una compleja cosmovisión de un calado colosal. Lo relevante del hallazgo es que su antigüedad es enorme, como su persistencia, ya que, además de estar activos durante más de cuatro milenios, sus motivos y sistemas de creencias coinciden con elementos de culturas mesoamericanas como la azteca o de poblaciones indígenas actuales, donde, según la publicación hecha en Science Advances, se pone como ejemplo a los huicholes de México.

Figuras zoomorfas del yacimiento. (F: Science Advanced)

Utilizando modernas técnicas de datación por radiocarbono, así como de análisis estratigráfico e iconográfico, el equipo de investigadores obtuvo unos resultados increíbles sobre este conjunto de imágenes policromáticas superpuestas. Además de su antigüedad (como dije, en torno a los 6.000 años), estas pictografías estuvieron activas, capa sobre capa de coupación recurrente, por un tiempo que oscila entre los 4.095 y los 4.780 años. Y no solo eso, también se ha certificado en el estudio que este arte parietal dista bastante de ser arbitrario, porque posee un estilismo y unas técnicas precisas, complejas y eficaces (que fueron legándose), vinculadas a un paisaje cultural determinado y un sistema formal heredado.

Representación de Bajo Peco. (F: bradshawfoundation)

En Río Peco hablamos de murales monumentales que contienen pinturas multicolores, donde los animales, los humanos y una enorme multitud de enigmáticas representaciones y símbolos, muy diversos, conviven e interactuan en un relato original. Esta narración se interconecta para cristalizar en una cosmovisión configurada como una especie de mitología intrincada que da respuestas a preguntas ancestrales sobre el universo, la creación, la meteorología o los ciclos del calendario, y posiblemente consiga testimoniar la conexión con otras esferas de existencia.

En suma, es una interpretación viva y perdurable, cuya transmisión y expresión permaneció activa de una generación a la siguiente hasta un total de 175 generaciones.

En definitiva, este descubrimiento sobre el arte parietal del suroeste de Texas y el norte de México resulta notable; no en vano puede ser el registro artístico más antiguo que represente una interpretación del mundo y cuyo contenido llegó a influir en el sistema de creencias de civilizaciones mesoamericanas y de la actual América indígena.

Fuente y artículo original: Science Advanced.

Foto de portada: bradshawfoundation

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