Cuando la parte mortal de Heracles muere debido al engaño del centauro Neso, su amigo Filoctetes lo honra y es premiado como portador del arco y las flechas del hijo de Zeus. Sin embargo, este también cae maldecido con una herida hedionda que lo lleva a ser abandonado por los griegos en la isla de Lemnos, durante el viaje aqueo a la conquista de Troya.

Para Sófocles ese es el elemento que configura su ética. La excelencia no debe ser abandonada, exige ser alimentada con la virtud como una elección constante que moldea el destino. 

Después es Neoptólemo, hijo de Aquiles, quien se muestra en un inicio honorable, emulando a su padre, precisamente con el exiliado Filoctetes. Y eso que Ulises, astuto, utiliza a sendos personajes para cumplir con los presagios que advierten que serán ellos quienes propicien la caída de Troya. Aunque en aquel episodio el hijo del de los pies ligeros y Deidamía no se somete a los designios de Odiseo, al llegar a Troya se envilece y cae en el abismo moral. En Ilión se muestra cruel y abandonado a las pasiones (según el Ciclo Troyano y la Eneida), matando a Príamo y sus hijos, a Polixena y también a los descendientes de Héctor, el héroe troyano. Al poco, Neoptólemo ya no sabe detener sus ansias de victoria. Esclaviza a la viuda del héroe vencido solo por su padre, Andrómaca, y, perdido en la ira y el desenfreno, también toma por la fuerza a Hermíone, hija de Menelao.

Justo en ese momento la justicia elemental actúa y termina por sesgar sus fechorías, avergonzando su legado. Orestes, hijo de Agamenón, acabará con el hijo de Aquiles sacrificándolo en el altar de Apolo, precisamente por la afrenta de Neoptólemo con su prima Hermíone.

Aquiles da muerte a Héctor. (F: Rubens)

Si rebobinamos en el mito, curiosamente es Ulises quien aconsejó a Neoptólemo que deformase la virtud en beneficio de los fines, algo a lo que al principio no se plegó el descendiente de Aquiles, es decir, Odiseo propició el único acto de bondad de Neoptólemo, en este caso con el anciano Filoctetes. Esto servirá para enfatizar su tragedia posterior, fruto del ego y la codicia. Tras su bondad, Neoptólemo cambia y se deja ir por la brutalidad y la corrupción política, absorbiendo un hambre de poder irrefrenable que lo llevará a caer en la deshonra, malgastando su herencia noble (Aquiles), para finalmente morir ante el hijo del gran enemigo (en autoridad) de su padre.

Esta culminación a la griega tiene poco de anecdótica, es la simetría del castigo. Neoptólemo se muestra desalmado y desafiante al profanar los altares de Troya, ciudad protegida por Apolo. En ellos asesina a Príamo y por eso es en un altar idéntico al del regicidio donde su sangre será derramada en el ciclo de la venganza cósmica.

Aunque la cosa no acaba ahí.

El mito acude a un desenlace que le es propicio al contexto que se viene: el nuevo orden de la razón civilizadora, donde el espíritu guerrero, indomable y salvaje de Aquiles ya no tiene cabida entre la lógica de la nueva justicia cívica.

Foto de portada: robo del arco de Filoctetes por parte de Neoptólemo y Ulises.


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