El hambre llevó al joven escritor a un cementerio. El hombre escribía normalmente entre calles plomizas y hostiles, con sus adoquinados pétreos y fríos, con sus ventanales opacos. Medraba por un cubil de paredes rocosas. Cada mirada era un rechazo a su persona, un desprecio a su representación en el teatro de la vida. Olía la ciudad entera a una animadversión por las almas errantes, y él era una de ellas. De modo que, ¿hacia dónde podía ir? Las horas transcurrían con pesadez, como bofetadas sordas, y el hombre conversaba incesantemente con un parásito interno.

De esta forma veo yo al personaje y al escritor que lo creó.

“Tenía hambre, mucha hambre”, así lo contaba el Premio Nobel noruego.

‘Hambre’ es una de las obras más notables de un escritor enorme, Knut Hamsun, creador clave para otros grandes como Franz Kafka Thomas Mann. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1920 por narraciones descarnadas sobre la pobreza y la alienación -ejemplo de ello es ‘La bendición de la tierra’- y por retratar la escasez que él vivió en una Noruega sin horizonte para noruegos. Esa desesperación de la pluma de Hamsun no es aparente, es vivencial, nace de su ser. Kristiania (actual Oslo) en su tiempo ofrecía poco a los intelectuales de la época, muchos de los cuales terminaron por refugiarse en el nacionalismo. Knut, como tantos otros, dejó crecer en su interior el odio a la forma en que el mundo los trataba, a una injusticia que exigía hallar un culpable antagónico. Ese sentimiento halló rápido enemigos y pronto a tenebrosos amigos.

Fue así como el genio noruego fusionó los códigos éticos más odiosos con su enorme herencia estética.

Knut Hamsun junto a Josef Terboven. (F: Aage Kihle NTB / NTB)

Knut Hamsun sintió una simpatía sin disimulos por el ascenso nazi, tanto es así que ofreció su Premio Nobel de Literatura a Joseph Goebbels, escritor frustrado y ministro para la Ilustración pública y propaganda del Tercer Reich.

Knut también fue un firme admirador de Adolf Hitler durante toda la guerra (Segunda Guerra Mundial), al que describió como un “guerrero por la humanidad”, según cuenta uno de sus biógrafos, Robert Ferguson. Mas, todo ser dotado de un don, como era el caso de Hamsun, está repleto de capas de complejidad y Knut, que manifestaba un profundo “racismo, odio a la modernidad y un marcado antiamericanismo”, incluso antes del ascenso del nazismo, asunto que sostiene Monika Zagar en ‘Knut Hamsun: The Dark Side of Literary Brilliance’, fue a la vez capaz de entrevistarse con el führer e incomodarle; lo hizo al lanzarle diatribas contra Josef Terboven, comisario nazi en Noruega, por los métodos atroces de este. Dicen quienes han investigado su vida que lo hizo para tratar de salvar a compatriotas condenados a muerte.

Pero en Knut Hamsun había al menos dos mitades, y una era profundamente oscura.

Tras la capitulación alemana y después de defender con ahínco a Hitler como un “profeta del evangelio de la justicia”, fue arrestado en su granja de Nørholm (Grimstad) acusado de traición. Las autoridades noruegas, incómodas ante un gigante literario de ideas y contactos más que controvertidos, optaron por catalogarlo como un enfermo mental, asunto que el mismo Hamsun rechazó al declararse hombre lúcido y responsable de sus ideas. De todas ellas, especialmente aquellas vinculadas al nazismo. Condenado a pagar una multa gigantesca -425,000 coronas de la época- por su afiliación y ayuda económica al partido nazi noruego, el Nasjonal Samling, acabó repudiado socialmente, arruinado y aislado en su granja, donde murió en 1952.


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