La transferencia cultural de la antigua Grecia y otros pobladores del Egeo sobre las civilizaciones occidentales modernas ha sido enorme, a todas luces clave, sin embargo, si queremos ir más allá en el tiempo en busca de los orígenes de aquella posterior explosión griega encontramos multitud de obstáculos. En verdad, estudiar la formación de la identidad de la Hélade en su tránsito desde el Neolítico a la Edad de Bronce supone caminar por terreno brumoso, en el que existen varías vías en forma de teorías, concretamente tres. Estas son las que acaparan el debate y a las que se ha unido la fuerza de la arqueología y los estudios genéticos, revelando ambos pilares que el empuje del intercambio de pueblos y su simbiosis, una vez más, parece que desató no uno sino varios florecimientos muy particulares.

Estallido minoico, isla de Santorini (Foto: Wikipedia)
El mar, los heterogéneos recursos naturales de sus distintos ecosistemas terrestres, así como la adaptación de economías a los condicionantes ambientales del entorno del Egeo se hallan en el foco de construcción de las identidades griegas, pero estos factores no explican por sí solos su emergencia protohistórica.
Para empezar, no hay un ‘nacimiento de Grecia’, sino muchos…
…Se ha propuesto que las migraciones procedentes de Anatolia y la región sirio-palestina jugaron un papel rompedor en estas transformaciones culturales, ya que habrían sido elementos disruptivos y dominantes; del mismo modo, la teoría difusionista, desde Gordon Childe, propone ese contacto con Próximo Oriente, pero en tanto en cuanto el comercio en general y la búsqueda de metales en particular fueron los motores de la relación entre la escasa y dispersa población asentada desde el neolítico y los nuevos viajeros foráneos. También se ha formulado tratar de estudiar el proceso desde el punto de vista sistémico, es decir, como un progresivo avance natural propio, endógeno, que paulatinamente se fue complejizando mediante una mutación personal, eso sí con esporádicas influencias orientales, de otras zonas del Egeo y del mismo Egipto, hasta su emergencia.

Grifo minoico, Palacio de Knossos, Creta (F: Wikipedia)
Nada por sí solo satisface los hechos y hallazgos.
Afortunadamente la arqueología, sobre todo a través de la cerámica, y la genética, con sus avances, han podido arrojar más luz al asunto, si se quiere, más capas de verdad sobre las hipótesis, designando que, más que probablemente, no existió un solo motivo quebrador, sistémico o personal, sino que en realidad fueron diversos condicionantes los que, uniéndose, permitieron este viraje en la Hélade aproximadamente hace algo más de 5000 años, un desarrollo que sería gradual, salpicado de influencias externas y con un probado proceso de mestizaje enriquecedor, en lo técnico y lo humano.
¿Y dónde se manifiesta?
Significativos fueron los primeros registros, desde el III milenio (a. C.), en la Grecia continental, con Corintio y la Argólide; en las Cícladas, particularmente con la expresión Ceros-Siros; en Creta, con el Prepalaciego, o en la Tróade, en sus estratos más primitivos, del primero al quinto.

Murallas de Troya (F: Wikipedia)
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