Hace más de un milenio, en plena época de esplendor de las culturas expansivas escandinavas, una mujer vikinga perteneciente a las élites locales del norte de Noruega fue enterrada junto a su perro en un pequeño barco funerario. Con su compañero animal seguramente pretendía reposar en la embarcación para toda la eternidad… Y hasta hace poco lo había conseguido, sin embargo sus restos han sido encontrados y ahora, lejos del descanso buscado, sirven a la investigación por ser un extraño enterramiento de los pueblos del norte.

Hace más de un milenio, en plena época vikinga, una mujer perteneciente a las élites locales del norte de Noruega fue enterrada junto a su perro en un pequeño barco funerario. Ambos debían reposar juntos para toda la eternidad según las creencias de la época, hasta que, más de mil años después, los restos de aquel extraordinario enterramiento vikingo han vuelto a salir a la luz en la isla de Senja.

Enterramiento (Foto y fuente: Norges arktiske universitetsmuseum, UiT)

El hallazgo, de vital importancia para entender aspectos rituales de las culturas escandinavas altomedievales y para el conocimiento de la Noruega de la época vikinga, ha sido identificado en la isla de Senja  y está siendo estudiado por arqueólogos del Museo Universitario del Ártico del país nórdico, quienes excavaron el navío en el que los dos compañeros de vida fueron depositados juntos, probablemente para viajar al Más Állá, en torno a los años 900 o 950 d. C.

Hallazgo de la mujer y el perro

La clave para el descubrimiento estuvo, como ocurre en muchas ocasiones, en la casualidad. Y es que fue gracias a un detector de metales como se pudieron localizar los primeros indicios del yacimiento, que llevaron posteriormente al exhaustivo trabajo arqueológico. En él se han analizado los restos de una embarcación de 5,4 metros donde además de sus ocupantes se han encontrado dos broches ovalados, cuentas de hueso y distintos objetos de un ajuar importante.

En realidad, los restos óseos del individuo todavía no han podido asegurar que se trate de una mujer, pero el hecho de que se hayan hallado esos broches ovalados, un marcador arqueológico muy fiable de enterramientos femeninos en las culturas vikingas, constituye un indicio muy sólido para identificar el sexo de la persona enterrada. Asimismo, los objetos desenterrados revelan que, si bien no se trataba de un gobernante, sí era una persona de un notable estatus en la población norteña.

Un compañero para el último viaje

También sorprende el cuidado con el que fue enterrado el compañero de la mujer, un perro que debió ser muy importante para ella. Este tipo de asociaciones entre humanos y cánidos, si bien han sido constatadas, son relativamente infrecuentes en el mundo vikingo, aunque haya registros que corroboran que existía en las comunidades escandinavas un intenso afecto entre humanos y perros.

Mujer hallada (Foto y Fuente: Norges arktiske universitetsmuseum, UiT)

Si nos detenemos en este hecho, hay que decir que este caso es especialmente llamativo porque el cánido fue enterrado, como digo, con esmero: yacía a los pies de su dueña, lo que sugiere un especial cuidado en la manera en que fue depositado.

Se sabe, —por otros yacimientos como Kaupang, también en el mismo país—, que los perros están presentes en funerales de alto estatus. En ese otro caso, el perro jugó un papel seguramente menos afectivo, ya que pudo haber desempeñado una función ritual vinculada a las ceremonias del blót. Sin embargo, este de Senja no parece ser exactamente el mismo tipo de enterramiento. En Kaupang se trata de un perro de caza que es sacrificado y depositado en la tumba para viajar a la otra orilla junto a la difunta, práctica que también encuentra ciertos paralelos en la célebre descripción funeraria de los rus realizada por el viajero árabe Ibn Fadlan y en otros enterramientos navales, como el de Gokstad. El de esta mujer y su perro es notoriamente distinto.

Sea como fuere, el material hallado y la excelente conservación de los huesos permitirán obtener una valiosa información sobre la vida y la sociedad en la que vivieron ambos y, especialmente, sobre la relación entre los vikingos y sus perros, un aspecto todavía poco conocido de las sociedades escandinavas altomedievales. De hecho, los miembros del equipo arqueológico no descartan que en la misma región puedan aparecer nuevos enterramientos de características similares.

Fuente: Norges arktiske universitetsmuseum, UiT


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Una respuesta a «La mujer vikinga que fue enterrada junto a su perro y en un barco para viajar al Más Allá»

  1. […] Confesor (1003-1066) que instauró a Guillermo el Conquistador, duque de Normandía, y por tanto de origen vikingo, como señor de la hasta entonces Inglaterra anglosajona. Tal hecho sucede el 14 de octubre 1066, […]

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