La memoria humana es a veces tan ingrata que tiende a la hipérbole post mortem, como si la gruesa capa de envidia, orgullo y/o bajeza que cargamos en el día a día solo pudiera caer presionada por una humildad escatológica, marginada hasta la sola comunicación unidireccional con los muertos.

Y es que las marchas abruptas de grandes personalidades, más si hablamos de precursores en sus ámbitos, dejan huellas silenciosas enormes, cuyo deterioro necesitamos a toda costa impedir, en algunos casos formando mitos para que sus sombras alargadas no nos maldigan desde el Más Allá. En el mundo del entretenimiento y el espectáculo ha habido multitud de estas figuras idolatradas, con justicia o no, y hoy se cumplen 52 años de una de las notables del siglo XX, la de El Pequeño Dragón: Bruce Lee.

Bruce Lee en una foto de archivo (F: i.dawn)

La muerte a los 32 años del creador del Jeet Kune Do fue extraña, muy rara e impropia para una de las personas más en forma en su momento de la Tierra. Desde las explicaciones -algunas vacuas- que se dieron en su día, hasta las más modernas, ninguna de ellas evita que se quede un regustillo amargo entre sus seguidores y familiares, uno cargado de sospechas que posiblemente nunca se difuminen.

Al parecer, el 20 de julio de 1973 Lee había consumido, como otras veces, bastante agua y marihuana (unas cartas póstumas al actor Robert Baker demostrarían su consumo habitual de drogas) por lo que tenía un fuerte dolor de cabeza, siendo así que la actriz Betty Ting Pei le dio un analgésico llamado Equagesi para una de sus migrañas. Al echarse una siesta, supuestamente reparadora, el actor nunca despertó.

Teorías para todos los gustos

En su día se dictaminó que el medicamento le causó un edema cerebral, precipitado por la ingesta de dos de sus componentes, meprobamato y aspirina corriente, y que la hipersensibilidad brotada lo llevó al colapso. Ahora bien, como comprenderán, a lo largo de algo más de medio siglo esta explicación no convence, no cuando hablamos del hombre que ecumenizó las coreografías de luchas en la cinematografía, que adaptó el atractivo de las artes marciales a los largometrajes de acción y que, sin lugar a dudas, fue uno de los pioneros del coaching y el precursor de las Artes Marciales Mixtas (MMA), con su sistema holístico de integración de técnicas de combate y filosofía mediante el equilibrio físico y mental.

Si las muertes corrientes no valen para todos, definitivamente Lee era demasiado grande para tener una sola.

Recientemente la Clinical Kidney Journal publicó una hipótesis sobre el deceso del maestro marcial. Según su estudio murió por hiponatremia, una rara afección que implica bajísimas concentraciones de sodio en sangre. La sintomatología de Lee cuadra con este diagnóstico, desde el exceso de ingestión de agua a la falta de excreción de la misma, pasando por los medicamentos que pueden bloquear esos electrolitos que regulan funciones vitales. Ahora bien, solo es eso, una hipótesis, una más entre un largo etcétera.

Las más extravagantes

Para algunos Lee sufrió las consecuencias de haberse sometido a una intervención polémica, la que supuestamente le extirpó las glándulas sudoríparas de las axilas, que le causaría problemas de excreción de sudoración, teoría que popularizó Matthew Polly con su obra ‘Bruce Lee: A Life’, aunque no está ni mucho menos probada. También se habló de la implicación de la mafia, desde la china a la italiana, quien estaría molesta con el actor por no darles concesiones en su ascenso a la fama, que no fue solo en EEUU y China. La cosa no queda ahí, hay más.

La muerte de su hijo, Brandon Lee, en el rodaje de la mítica película de culto ‘El Cuervo’ por el disparo real de un arma supuestamente de artificio revitalizó las conspiraciones en torno y contra su familia, tanto dentro como fuera de Hollywood, unos complots que incluso podrían provenir de una maldición ancestral impuesta contra la saga Lee y que, por consiguiente, habría acabado con padre e hijo.

Brando Lee como El Cuervo (F: Entertainment Weekly)

Más que un hombre

Lee se ha convertido desde el instante de su muerte en una leyenda viva, tras las cual hay mil y una teorías, y no solo para aquellas que tratan de explicar su último adiós. Por ejemplo, se le ha denominado el hombre invencible, el que nunca fue derrotado, cosa que carece de pruebas que lo corroboren o lo refuten, más allá de la lucha con Wong Jack Man en 1964, de la que, como no, hay otras mil versiones.

Pero Lee no fue un hombre corriente, muchas de sus cualidades excepcionales son fundadas, como el one-inch punch, que demostró en el Campeonato Internacional de Karate de Long Beach en 1964 a través de su Jun Fan Gung Fu, donde su impresionante entrenamiento lo llevó también a mostrar sus extraordinarias flexiones con dos dedos. O su extrema velocidad, que iba más allá de la que podían recoger las cámaras. Esto también es cierto, aunque lo era para la tecnología de la época.

Por todo ello, pese a su ausencia en las pantallas durante los últimos 52 años, Lee sigue vivo en la cultura popular, como lo hace su legado de autorrealización, un legado que tantos han tratado de imitar.

Sí, el Dragón sigue fluyendo como lo hizo el agua que tal vez lo mató. Ya saben, Be Water, my friend.


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One response to “52 años sin Bruce Lee, mito y misterio: verdades sobre su muerte y sus conquistas”

  1. […] entre el gran público, el cual ha puesto sus ojos en dos décadas prodigiosas de maldad, la de los 70 y 80, donde el efecto resonancia de estos homicidas en cadena fue intensísimo en Estados Unidos. […]

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