Alfonso X, denominado el Sabio, nace en Toledo el 23 de noviembre de 1221 fruto de la unión de su padre, Fernando III, quien aúna en 1230 la corona de León y Castilla bajo un mismo monarca, y de su esposa, Beatriz de Suabia, de origen germano. Criado en gran parte con influencia gallega por parte de un ayo designado, a decir, García Fernández de Villamayor, noble castellano notable del siglo XIII, el monarca recibió una importante base educacional intelectual, lo que en sí deviene en su forma de reinar, en la influencia que esto tuvo en su tiempo como rey, desde 1252 a 1284, y en las dos cargas que pesarán sobre él.
Ser hijo de Fernando III lo lleva a ser heredero de un monarca conquistador, que, sin embargo, había dejado casi huérfana esa labor en 1248 con la toma de Sevilla. No obstante, Alfonso sí tiene, durante la década de los años 60 de su reinado, importantes victorias, como son Cádiz, Murcia o Salé.
Una herencia determinada
Pero volviendo a su herencia paterna de forma intencionada para entender esas dos cargas que va a llevar consigo Alfonso X, hay que decir que su padre también insufla un peso al nuevo rey, como es la lucha por hacerse con el derecho al trono imperial germánico. Lo refiere el Fecho del Imperio, o lo que es lo mismo, una candidatura sólida a ser el heredero por derecho a la corona del Sacro Imperio Romano-Germánico, y eso conduce frontalmente a hablar de su madre, que es quien proporciona esa vieja candidatura de su padre, al ser esta una princesa proveniente de la familia de los Staufen. Y es que Alfonso X es bisnieto del emperador germano, Federico Barbarroja, además de cuñado de Eduardo I de Inglaterra; con todo, esa línea propiciada por su madre no va a fructificar, lo que le reportará importantes quebraderos de cabeza y, de igual manera, influirán, de nuevo, en su forma de gobernar.

El otro condicionante y, hasta cierto punto, catalizador de la característica más reseñable de Alfonso X es su amplia labor reformadora e intelectual, lo que le llevó a elaborar no solo documentos como los privilegios rodados, es decir, excepciones, sino un amplio corpus donde se pueden hallar obras de carácter jurídico, pero también otras relacionadas con la poesía medieval o directamente científicas, en el sentido más ecuménico y moderno de la palabra pese a su origen medieval.
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