Cuando Marco Aurelio, el emperador filósofo, vislumbraba el final asoció oficialmente a su hijo Cómodo al poder que él representaba, concediéndole la autoridad máxima compartida ante su ejército y su pueblo. Lo hizo incluso bastante antes de que sus fuerzas lo abandonasen. Este aspecto queda reflejado en las fuentes clásicas y sin embargo es interpretado de forma diametralmente opuesta en la ficción de Ridley Scott, la más que notable película,Gladiator‘.

En verdad, el largometraje estrenado en el año 2000 recoge 5 latigazos históricos que es pertinente tratar en estas fechas en base a la relación del emperador y su sucesor.

1. Empecemos por el principio. Tal día como hoy (27 de noviembre) hace 1.849 años (176 d. C.), Cómodo recibía de parte de su padre el título de Imperator y comandante supremo de las legiones romanas, una titulatura representativa del poder imperial desde tiempos de Augusto. Y digo “desde tiempos del primer emperador” porque ese Imperator tradicionalmente era un título que las tropas concedían a un general victorioso, triunfal, cosa que cambió el fundador del imperio romano (el mismo Octaviano). También Octavio es quien asienta en la figura del emperador el título de imperium maius, con lo que, a efectos prácticos el monarca se convierte en el comandante supremo de provincias y ejércitos.

Joaquin Phoenix como Cómodo. (F. Galdiator)

Por lo tanto, esta es una prueba de que Marco Aurelio jamás intentó excluir a su hijo de la sucesión, como relata la película; es más, el emperador proclama a Cómodo César en 166 y Augusto en 176.

2. Y eso entronca con ese segundo fallo histórico del film de Scott en relación al día de hoy, porque la intención de Marco Aurelio no solo fue que su hijo Cómodo le sucediera, sino que, para armonizar su reinado, lo declaró Augusto y coemperador ese 27 de noviembre de 176, como he comentado, en un acto que igualaba el poder y autoridad de su hijo con el suyo. Véanlo claro: Marco Aurelio no murió siendo el único emperador porque él mismo así no lo dispuso.

Harris y Crowe, como Marco Aurelio y Máximo. (F: Gladiator)

3. Otro asunto es la muerte de Marco Aurelio, donde hay datos que apuntan a un causa probable que nada tiene que ver con la que Scott representó ¿Cuál? Una epidemia de peste antonina, o lo que es lo mismo, de viruela o sarampión. Esa hipótesis, que parece verosímil por el contexto histórico, hace del deceso del emperador un acto más natural al que presenta el film. Lo que está claro es que en ningún caso Marco Aurelio murió estrangulado por Cómodo, como sucede con Joaquin Phoenix en ‘Gladiator’. Eso no quita para que la interpretación del villano arquetípico al que representa el actor puertorriqueño no sea magistral.

4. En la Historia Romana de Herodiano -que no es una fuente del todo fidedigna, pero sí nos otorga ciertas pistas- se describe la relación compleja entre Marco Aurelio y Cómodo. Más fiable al respecto, pese a su sesgo, es Cassius Dio. Este historiador romano corrobora lo dicho por el primero: es cierto que a Marco Aurelio le preocupaba la personalidad de su hijo, pero nunca dejando constancia de un odio mutuo.

Este es el matiz más sutil de la película, en la que sí parece haber amor entre los personajes a los que dan vida Joaquin Phoenix y un tremendo Richard Harris (Marco Aurelio), aunque Scott se permite el lujo de inocular en el espectador el juicio moral y excluyente del padre hacia el hijo, una confianza de la que simplemente no hay constancia histórica. O si lo prefieren, aunque Marco Aurelio seguramente vio los problemas que los excesos en el carácter de su hijo iban a ocasionar en el reinado posterior, como sucedió, nunca pretendió que no fuera Cómodo su sucesor.

5. Y por último y no menos importante, en el habitual juego maniqueo de poderes de Hollywood, donde a veces el bien y el mal parecen costas cromáticas perfectamente divididas y perfiladas, donde los grises se difuminan con total impunidad, los hechos no encajan con la acción y el drama que se pretende. Y por eso Ridley Scott se inventó a Máximo Décimo Meridio; es decir, la figura central de Russell Crowe nunca existió.

Fotograma de la película, estrenada en el año 2000. (F: theguardian)

El director creó el mejor composite character para su relato sobre la lucha en la arena. Scott seguramente otorgó a Máximo virtudes de personajes históricos como Publio Helvio Pertinax o Marco Numnidio Cuadrato (no hay constancia de que en la producción se llegara a tales extremos de investigación), lo enlazó con el ideal de la rectitud y el honor, el vir militaris (tampoco en este caso hay constancia de ese propósito en la producción, pero sería una conjetura que encajaría) y finalmente lo aderezó con los prototipos del western clásico, esos en los que las pasiones más impulsivas y diáfanas, como la venganza y la injusticia, toman el control de la causa justa.

Scott se sabe esa fórmula a la perfección, y también sabe que en ella el espectador se siente cómodo (nunca mejor dicho), lo que apunta al éxito. Por eso ‘Gladiator’ lo fue y lo es; rotundo, diría yo. Su fama, como su relato, ha envejecido de forma magnífica, para desgracia, eso sí, de los auténticos Marco Aurelio y Cómodo.

Puntuación: 5 de 5.

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