Cuando el vacío se perpetúa demasiado tiempo, aquello que finalmente ocupa el hueco dejado es visto brevemente como un viento redentor, un acto de alivio; ahora bien, llegar es una cosa, quedarse otra muy distinta. Hace cerca de 31 años un espacio de nuestras vidas fue llenado por una obra de culto que no solo llegó para quedarse, sino que marcó una generación. ‘Expediente X’ fue esa creación, y tantos años después esa producción sigue siendo un idílico emplazamiento al que los anocheceres misteriosos del pasado y el presente audiovisual miran con añoranza.

Precisamente tal día como hoy hace 57 años nacía Gillian Anderson, actriz encargada de encarnar a la incrédula científica y agente del FBI, Dana Scully, y no son pocos quienes al observarla allá donde esté suelen pensar que a su lado aparecerá en cualquier momento David Duchovny (quien cumplió años hace dos días, el 7 de agosto), o mejor dicho, Fox Mulder. Eso sucede porque el creador de la serie, Chris Carter, dio en la tecla con un thriller a mitad de camino entre el terror, la ficción, la realidad y las conspiraciones políticas. Y no solo eso, además, la serie encajó en la oquedad que buscaba el espectador anhelante de referentes de lo oculto y prohibido en la TV. Pero hay más, encima tenía unos guiones excelsos. No obstante, lo mejor que se puede decir es que la serie era (y es) sencilla y llanamente buenísima.

Creada en 1993 en EEUU, llegó a España en 1994 de la mano de TVE (La 2), que solo una temporada después la vio marchar a Telecinco.

Fue todo un acierto emitirla.

Volviendo hacia atrás en el tiempo, nada mejor que un sábado, como fue aquel 1 de octubre de hace más de tres décadas, para inaugurar el que sería el gran éxito de Anderson (y Duchovny) en su carrera, una elaboración única en su género; no en vano, más de treinta años después uno no encuentra algo parecido. Digo más, uno puede recrear sin esfuerzo el ambiente y la forma que proponía la creación de Carter. La trama envolvía rápidamente e invitaba al imaginario de cada uno a dejarse llevar para terminar creyendo, o como poco, para querer creer.

Scully y Mulder en las primeras temporadas. (F: BBC)

Inolvidable sucesión de eventos

De inicio, siempre existía un patrón reconocible, una macabra sucesión estructural aunque siempre extravagante. A decir, en algún punto remoto de Estados Unidos, a cualquier hora de la noche (normalmente), los espectadores eran transportados a la escena de un crimen. Lo hacían como observadores predilectos, y entonces sucedían los hechos. Estos eran presentados constantemente en fuga de la banalidad y permitían recrear un miedo visceral y ancestral, con alguna transgresión tan atroz, por oscura y sugestiva, como indescriptible.

Desde ahí pasábamos a la investigación de los dos agentes federales, que poco a poco se adentraban en un ambiente que incitaba al relato subjetivo de nuestro subconsciente dormido (diría, el inserto en cada ser humano desde el principio de los tiempos, el alter ego lovecraftiano, inoculado siglo a siglo desde que vemos la luz) a participar de un relato razonable alterado por lo excepcional. Y eso resultaba fascinantemente aterrador. Porque al final ‘X-Files’ no planteaba un dualismo simplista, la vieja lucha del bien contra el mal, sino que cavaba más hondo hasta hallar el acento entre la ambigüedad de esa capa vedada y transmutada sobre la que fluía lo inconcebible.

Claro que existía un algo maniqueo en la serie, pero solo como asidero para nuestro lado más estrictamente convencional. Dentro de Scully y Mulder había algo de nosotros, su visión opuesta del mundo, su antagonismo ético, moral y supraterrenal, su tensión sexual permanente, como limando cada historia de una estridente e inacabada melodía, nunca resuelta.

Sin embargo, ese era solo el envoltorio, después estaba lo que operaba alrededor, la verdad que estaba ahí fuera, no sujeta a leyes o jerarquías, desobediente a lo ordinario, eso que, en el fondo, resultaba la razón de ser de uno de los mejores binomios de la historia de la televisión. Por consiguiente, en su disposición de hechos, llegado el párrafo del sabor, su final quedaba a perpetuidad abierto a la interpretación personal, como una visita intempestiva en mitad de una noche solitaria que deja un sabor de boca ácido y que, bien saboreado horas después, nos hace dudar de todos y de todo.


Descubre más desde 🧐Historia, relatos y ficción

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

One response to “La verdad de Estados Unidos, los ovnis y el FBI sigue (esperando) ahí fuera”

  1. Avatar de boldlykittyb8ce8a01c1
    boldlykittyb8ce8a01c1

    Temas diferentes y cada vez más interesantes. Muy bien Javier! No dejes de admirarme!

Deja un comentario

Descubre más desde 🧐Historia, relatos y ficción

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo