Cuando un vacío se prolonga demasiado tiempo, aquello que finalmente logra ocupar el hueco libre es visto brevemente como un viento redentor, un acto de alivio. Ahora bien, llegar es una cosa, quedarse otra muy distinta. El mérito de ‘Expediente X’ no fue consolidarse, sino ir más allá. Esta creación ocupó el vacío que existía en la TV y lo moldeó a su antojo. Hace cerca de 31 años una ventana de nuestras vidas fue llenada por una obra de culto que no solo se asentó en el imaginario colectivo, sino que marcó una generación. Tantos años después esta producción permanece como ese idílico lugar al que remitirse en los anocheceres misteriosos, un fogonazo audiovisual al que mirar con añoranza.

Hace 57 años nacía Gillian Anderson, actriz encargada de encarnar a la incrédula científica y agente del FBI Dana Scully, y aún hoy no son pocos quienes ven a la intérprete de Illinois esperan que pronto esté acompañada por David Duchovny, o mejor dicho, Fox Mulder. Eso sucede porque el creador de la serie, Chris Carter, dio en la tecla escénica con mayúsculas con un thriller a mitad de camino entre el terror, la ficción, la realidad y las conspiraciones políticas. Y no solo eso, además, la serie encajó en el espacio que buscaba el espectador, en parte porque tenía unos guiones excelsos, pero también porque la audiencia estaba formada por individuos anhelantes de referentes de lo oculto y prohibido. Por entonces el mundo todavía era un lugar con rincones vedados y había por doquier almas con deseos de hallar una puerta hacia senderos más indómitos que el simple tedio mundano.

No obstante, lo mejor que se puede decir es que la serie era (y es) sencilla y llanamente buenísima. Creada en 1993 en EEUU, llegó a España en 1994 de la mano de TVE (La 2), que solo una temporada después la vio marchar a Telecinco.

Fue todo un acierto emitirla.

Volviendo hacia atrás en el tiempo, nada mejor que un sábado, como fue aquel 1 de octubre de hace tres décadas, para inaugurar el que sería el gran éxito de Anderson (y Duchovny) en su carrera, una elaboración única en su género; no en vano, más de treinta años después resulta difícil encontrar algo parecido. Digo más, se puede recrear sin esfuerzo el ambiente y la forma que proponía la creación de Carter pese al tiempo transcurrido. La trama envolvía rápidamente e invitaba a la conciencia dormida de cada uno a dejarse llevar para, al fin, terminar creyendo, o como poco, para querer creer.

Scully y Mulder en las primeras temporadas. (F: BBC)

Inolvidable sucesión de eventos

De inicio, siempre existía un patrón reconocible, una macabra sucesión estructural aunque siempre extravagante. A decir: en algún punto remoto de Estados Unidos, a cualquier hora de la noche (normalmente), los espectadores eran transportados a la escena de un crimen. Lo hacían como observadores predilectos, y entonces sucedían los hechos. Estos eran presentados constantemente en fuga de la banalidad y permitían recrear un miedo visceral y ancestral, con alguna transgresión tan atroz, por oscura y sugestiva, como indescriptible.

Desde ahí pasábamos a la investigación de los dos agentes federales, que poco a poco se adentraban en un ambiente que incitaba al relato subjetivo de nuestro subconsciente dormido (diría, el inserto en cada ser humano desde el principio de los tiempos, el alter ego lovecraftiano, inoculado siglo a siglo desde que vemos la luz) a participar de un relato razonable alterado por lo excepcional. Y eso resultaba fascinantemente aterrador. Porque al final ‘X-Files’ no planteaba un dualismo simplista, la vieja lucha del bien contra el mal, sino que cavaba más hondo hasta hallar el acento entre la ambigüedad de esa capa vedada y transmutada sobre la que fluía lo inconcebible.

Claro que existía un algo maniqueo en la serie, pero solo como asidero para la audiencia masiva y nuestro lado más estrictamente convencional. Ese agarradero estaba dentro de Scully y Mulder, porque en él había algo de nosotros: su visión opuesta del mundo, su antagonismo ético, moral y sobrenatural, su tensión sexual permanente, como limando cada historia de una estridente e inacabada melodía, nunca resuelta.

Sin embargo, ese era solo el envoltorio, después estaba lo que operaba alrededor, la verdad que estaba ahí fuera, no sujeta a leyes o jerarquías, desobediente a lo ordinario; eso que, en el fondo, resultaba la razón de ser de uno de los mejores binomios de la historia de la televisión. Por consiguiente, en su disposición de hechos, llegado el párrafo del sabor, su final quedaba a perpetuidad abierto a la interpretación personal, como una visita intempestiva en mitad de una noche más solitaria de nuestras vidas, que deja un sabor de boca ácido y que, bien saboreado horas después, nos hace dudar de todos y de todo.


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Una respuesta a «La verdad sobre Estados Unidos, los ovnis y el FBI continúa esperando ahí fuera»

  1. Avatar de boldlykittyb8ce8a01c1
    boldlykittyb8ce8a01c1

    Temas diferentes y cada vez más interesantes. Muy bien Javier! No dejes de admirarme!

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