La civilización egipcia es, junto a la china, las más longeva de la historia de la humanidad y desde luego una de las más interesantes y profundas que jamás hayan existido. Si no la más. Y es entendible que durara, perdurara y aún hoy nos sorprenda si tratamos de escorar nuestra mirada actual, con humildad, hacia la grandeza de la suya.
Aunque el funcionamiento y el significado de su cultura y su ética nos esté parcialmente vedada, pese al ingente conocimiento que de ella tenemos, esta también nos permite entrever conceptos a través de los cuales entendemos la razón de esa perdurabilidad egipcia. Uno de los centrales, de los ejes de referencia en el Antiguo Egipto es el orden cósmico.
El Imperio Egipcio y su grandeza tiene un punto de partida y viene determinado por un monarca y su forma de reinar. Hablo de un grabado exquisito, más específicamente de un documento extremadamente duradero. Es un registro gráfico muy especial, una paleta que ha sobrevivido por varios miles de años al rey al que hace referencia y que nos lega el propósito excepcional de ese dirigente: la unificación de las Dos Tierras.

El recurso histórico al que me refiero se denomina Paleta de Narmer, y es considerado como el único grabado predinástico situado en su contexto histórico. Esta placa de esquisto de 64 centímetros y más de 5000 años (datada en una horquilla temporal que va del 3200-3000 a. C.) atestigua el paso del periodo egipcio protohistórico a la época arcaica (Vázquez Hoys, 2007). Y, como digo, la placa es tan relevante porque conmemora el reinado del rey cuyo nombre es Narmer (el magnífico siluro), considerado el primer faraón de la Dinastía I. Este caudillo y su nomenclatura aparecen reflejados en la lista real de Abidos como Meni y en la de Manetón como Menes (Parra, 2013).
Pero volvamos a lo verdaderamente relevante: su función.
Descubierta en 1894 en el depósito mayor del templo de Hieracómpolis, la Paleta, que puede visitarse en el El Cairo, es el primer vestigio que atestigua por primera vez la unificación del Alto y Bajo Egipto bajo un gobernante.
A Menes se le considera el fundador de la primera dinastía del Imperio Egipcio y cuyo reinado, según la tradición manetoniana, duró entre 30 y 60 años. También se le otorga la fundación de Menfis, Cocodriópolis y un templo al dios Path; si bien es cierto que los textos de Manetón son posteriores (Petit, 1967). Tras él, sus sucesores serían Aha y Vadyi, y como a Narmer a todos ellos se les presupone un reinado de prosperidad, pero sobre todo se les asigna una función determinante como impulsores de la tradición de las titulaturas reales, en cuya tradición al rey (faraón) se le conceden ya por entonces, de los cinco títulos tradicionales, al menos tres: el de Horus; el junco (swt) y la abeja (bity), pertenecientes al Alto y Bajo Egipto, y al Nebty, las Dos Señoras, el buitre y la cobra (Vázquez Hoys, 2013).
¿Qué dice la Paleta?
Las dos caras de la pizarra muestran las victorias del faraón sobre sus enemigos. Sin ir más lejos, el soberano está representado en una de ellas mucho más grande que sus adversarios, mostrando su grandeza. Su poder no tiene límites. Para demostrarlo lo vemos sosteniendo el destino de sus enemigos entre sus manos: con una se aferra a una maza y con la otra agarra el cabello del vencido, que suplica arrodillado. Es interesante resaltar la barba y el pelo rizado de los subyugados, a los que, por sus rasgos, se les atribuye ascendencia libia, y también la simbología de la derrota de estos ante el monarca: una vez caen pasan directamente al inframundo. El rey victorioso porta la corona blanca del Alto Egipto, asociada al dios Set. El reverso también hace alusión al simbolismo de la unificación y el orden impuesto por el faraón, en este caso como portador de la corona roja del Bajo Egipto (Parra, 2013, p. 22-23).
Bibliografía:
Parra, J. M. (2013). Los primeros faraones. National Geographic, (Editec), Vol. 1.
Petit, P. (1967). Historia de la antigüedad (1.a ed.). Editorial Labor.
Vázquez Hoys, A. M. (2007). Historia del mundo antiguo (Próximo Oriente y Egipto). (Segunda). Sanz y Torres. Uned.
- Podcast Episode: Revolución Francesa y Constitución de 1812, dos tragedias humanas y naturales
- Revolución Francesa y Constitución de 1812, dos tragedias humanas y naturales
- Hallados los restos de un guerrero destrozado por una máquina terrible en tiempos de William Wallace y Eduardo I
- Hallada en Egipto una necrópolis utilizada durante casi 4.000 años
- Moorcock, Stafford y J.R.R: Tolkien: mundos posibles y narrativa del cambio


Deja un comentario