La propaganda ha sido utilizada desde siempre por los poderosos como arma para la toma de posesión del relato, moldeando a gusto del líder la imagen propia, normalmente idealizada o cargada de hipérboles, así como tergiversando la del enemigo, a ser posible presentándolo como feroz e inhumano. Cleopatra y Julio César son dos ejemplos disímiles de ello, ambos dentro de la relación EgiptoRoma justo antes de nuestra era. De la primera, seguramente muerta un 12 de agosto del año 30 a. C., se han contado una y mil versiones pérfidas, la mayoría impulsadas por uno de sus peores enemigos, Octavio Augusto; mientras que del segundo se han omitido momentos verdaderamente oscuros del personaje.

Ambos fueron contemporáneos, y más que eso, fueron amantes y padres, pero es del dictador romano del que más positivas alegaciones se han hecho, mientras que pocos conocen el valor, la habilidad y el esfuerzo de la monarca egipcia. Afortunadamente hoy en día se empiezan a completar partes del puzle que revisa con mayor exactitud las brutalidades realizadas por Roma, siendo el César un habitual de carnicerías verdaderamente atroces. Por citar una nombraré la de Kessel (Países Bajos), destapada relativamente hace bien poco, donde el patricio masacró a miles de pobladores de toda edad de las tribus de los téncteros y los usípetes.

Reina Cleopatra. (F: egypttoursportal)

De Cleopatra se han contado sus virtudes amatorias o simplemente se ha alabado su belleza, pero la heredera de los Ptolomeos fue mucho más, incluso tuvo en su mano el destino del propio Julio César y hasta de Octaviano, creador del Imperio Romano, el cual, por cierto, más allá de sus virtudes, que las tuvo, también fue otro gobernante aterrador y que usó en su favor y con perseverancia la propaganda.

Más que una amante bella

Pero centrémonos en la figura de la reina egipcia.

Cleopatra VII normalmente sabía cuál debía ser su siguiente paso. Hay pruebas de ello. De entrada consiguió eliminar a sus enemigos, entre ellos sus hermanos, el primero, Ptolomeo XIII, ganándose para lograrlo el poder de los más poderosos generales romanos, siendo el más célebre y en este caso, del mismo Julio César. En un primer paso logró poner de su parte al tirano romano contra su hermano heredero, al que derrotaron en el 47 a. C. (no sin antes verse acorralado el general en Alejandría, donde le salvaron Malchos de Petra y Mitrídates de Pérgamo)

Llegado este punto hay que dejar una cosa clara, sobre la gobernante egipcia debemos desechar las fuentes interesadas, como la de Bocaccio o las inoculadas por el odio que la profesó Octavio Augusto, y fijarnos en alguna primaria, como una (solo un siglo después) cotejada por el rigor histórico, como es Plutarco.

Así, el de Queronea nos cuenta que el gran talento de Cleopatra era su capacidad para relacionarse con todo tipo de personajes y pueblos; es decir, una embajadora sublime en un mundo de hombres. Su movimiento tras la derrota de Ptolomeo XIII pasó por ganarse el favor de Ptolomeo XIV, como aquel, hermano de Cleopatra, y lo hizo usando al mismísimo César, del que a su vez se quedó embarazada. Este doble acuerdo le dio un heredero, Cesarión (Ptolomeo XV), que por linaje sería capaz de dominar Roma y Egipto. Sin embargo, Julio César fue asesinado en Roma en el 44 a.C., rompiendo sus ambiciones.

Con todo, eso no detuvo a Cleopatra.

La reina regresó rauda a la tierra de los faraones asesinando rápidamente a Ptolomeo XIV y consiguiendo allanar el camino para su hijo como faraón. Al poco se movió también con celeridad, aliándose y llevándose a su terreno a otro general importantísimo en Roma, Marco Antonio. Lo hizo en Tarsus, en el 41, forzando a este a que matara en Éfeso a su hermana, Arsínoe IV, tan ambiciosa como ella y último obstáculo al trono egipcio.

El triunfo de Cleopatra, pintura al óleo de William Etty (F: Wikipedia)

Muertos sus rivales políticos, durante los siguientes años fue recuperando la preponderancia que correspondía históricamente a Egipto, ganando además más descendencia del militar romano y territorio y poder para sí; hasta el punto que llegó a optar al mismo trono de Roma en la confrontación final ante Octaviano, en Actium, donde, el futuro emperador los derrotó. Esta confrontación marca el final el Egipto heleno y de Marco Antonio y Cleopatra, que morirán en agosto del 30 a.C., esta última suicidándose para evitar ser exhibida por la ciudad eterna. Su hijo y principal descendiente también fue asesinado de forma cruenta por Roma.

No obstante, su final revela la enorme capacidad que tuvo una gobernante de primer orden, una estratega tan competente como Julio César, al que acompañaban, además de su genio, legiones.

¿Bella?, posiblemente sí ¿Cautivadora?, seguramente también, pero sobre todo Cleopatra fue enormemente capaz.


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