Es impresionante que, tal y como sucede que nosotros, los Homo sapiens, los grandes simios, como los chimpancés, tengan una cultura propia por cada comunidad. Por ello resulta desolador comprobar que, aun conociendo tales formas de expresión, sabiendo de niveles tan acentuados de creatividad evolutiva, de adaptación y tan sorprendentes capacidades de estos y otros primates, permitamos su lenta desaparición.

Un espejo

Es una evidencia taxonómica remarcar que los humanos, como el resto de grandes simios, estamos agrupados en la superfamilia de los Hominoideos, es decir, estamos dentro del orden de los Primates, lo que nos convierte en grandes simios. Compartimos ancestros comunes con gorilas, chimpancés, bonobos (con quienes mantenemos un parentesco más estrecho) y orangutanes (un poco más lejano), cuyas divergencias evolutivas ocurrieron hace relativamente pocos millones de años. O lo que es lo mismo, compartimos una misma raíz evolutiva. Por tanto, al mirar los nuevos paradigmas que construye la paleoantropología, no deberíamos dudar en impulsar y apoyar iniciativas que promueven dotar de derechos y restricciones de encierro a los grandes primates (si se quiere, por la naturaleza evolutiva y biológica de estos otros animales). Eso elevaría nuestras coordenadas morales y éticas, las que remiten directamente a nuestras comunidades y sociedades.

Orangután sin sustento ni cobertura forestal por la deforestación.

Aunque probablemente no tengamos que quedarnos en esas cosas. Lo más seguro es que debamos ir más allá para adentrarnos en la evidencia misma. Para ello, podemos apoyarnos en la experiencia y la percepción, incluso en el instinto, y solo con eso podremos descubrir esas certezas tan solo con mirar a los ojos de de un gran primate. Allí no hay otra cosa que el reflejo de nosotros mismos, de lo que biológicamente seguimos siendo.

Nosotros no venimos de los simios, somos simios.

Si hacemos aquello, si tenemos presente esto último y logramos cambiar el prisma de observación, si oteamos desde otras ópticas, a buen seguro que pronto nos preguntaremos: ¿acaso no comparten los chimpancés y los gorilas suficientes rasgos con nosotros como para merecer una consideración moral diferente?. Es más, ¿no merecen todos los monos un trato diferente? ¿No merecen existir todos ellos; ellos, que lucharon por llegar al día de hoy tanto como nosotros?

Esta dialéctica interior pronto nos llevará a comprender la enorme inJusticia que se obra a diario contra el resto de animales no humanos.

Situación crítica, soluciones (algunas) sencillas

Todos los orangutanes de la Tierra -orangután de Borneo (Pongo pygmaeus), orangután de Sumatra (Pongo abelii) y orangután de Tapanuli (Pongo tapanuliensis)- están en peligro crítico de extinción según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN, y sucede lo mismo con los gorilas, tanto los occidentales (Gorilla gorilla) -subespecies, gorila occidental de planicie (G. g. gorilla), gorila del río Cross (G. g. diehli)- como los orientales -es decir, gorila de montaña (G. b. beringei) y gorila oriental de planicie o Grauer (G. b. graueri). Además, quedan menos de 300.000 chimpancés comunes y tan solo 50.000 bonobos, habiendo desaparecido estos de cuatro países africanos y estando cerca de la extinción en muchos otros. La lista de la situación crítica para otra enorme multitud de monos, como lémures o monos araña, es igualmente trágica.

Loris perezoso. (F: Ecología Verde)

Lo curioso es que sabiendo tanto de ellos y a la vez tan poco, conociendo sus raíces y las nuestras, entendiendo su especificidad y capacidad extraordinaria, evaluando los daños que estamos causándoles, aun así incrementamos la presión sobre ellos y sus ecosistemas. ¿Por qué? Por nuestro ego, una necrosis del ser humano. Lo que se traduce en una combinación de indiferencia, cortoplacismo y una concepción excesivamente antropocéntrica de nuestra relación con la naturaleza. Sus grandes amenazas no vienen todas producidas por la actividad del ser humano, pero esto no es una novedad para cualquier especie de la Tierra, lo peor es que la mayoría son evitables.

Cambios a miles de kilómetros que salvan vidas

Algunas de estas amenazas pueden atenuarse severamente si cambiamos ciertos hábitos, convertidos en falsas necesidades, cuya purgación provocaría mejoras a miles de kilómetros de distancia. Sin ir más lejos, la pérdida de hábitat por la deforestación debido a la expansión agrícola (en gran medida, mafiosa), la caza y el tráfico ilegal de especies son tres de sus espadas de Damocles, siendo el consumo de aceite de palma (que sin ir más lejos está presente en helados, galletas, pasteles, patatas fritas, cremas de chocolate, pizzas…) algo que podemos minimizar. Solo con mirar el contenido de estos productos y evitar su consumo, habremos ya hecho algo por un orangután. Y hay más. La gran amenaza planetaria, especialmente para la biodiversidad, como es el cambio climático también es atacable con medidas que el ciudadano medio puede activar.

Somos más responsables de las terribles consecuencias de la desaparición de la vida en la Tierra, y de los grandes primates en particular, de lo que creemos. Tal vez dentro de no tanto tiempo, no exista ese remanente frente al espejo, esa memoria viva de nuestros ancestros, y, con ello, habremos borrado nuestro pasado, nuestra herencia, nuestra identidad. No lo olvidemos, lo que se pierde en la naturaleza nunca regresa.


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