El análisis empírico de las santas escrituras siempre es un estudio complejo y molesto. Los pasos del investigador tras la búsqueda de la verdad que recogen los grandes libros de fe y su sustrato suelen encontrar senderos sinuosos llenos de obstáculos, porque la indagación de los lugares sacros supone remover la tierra consagrada y, en suma, profanar el santuario de la divinidad y someterlo al juicio de los hombres. Este hecho, conflictivo sin duda para cualquier credo, también lo es para la arqueología de la Biblia.
Aun siendo transparente la intención científica (por ejemplo, con un análisis ecuánime y una refutación académica de los textos y los pueblos aparecidos en el Antiguo y Nuevo Testamento), activar su resorte ya es un agravio subyacente en según qué ámbitos judeocristianos. Con todo, si hablamos de la narrativa bíblica hay que decir que, lejos de lo que una buena parte de la opinión pública piensa, en esta sí se puede auscultar entre sus entrañas para hallar ciertos hilos en los que sustentar una reconstrucción razonablemente objetiva de numerosos hechos expuestos. Porque la Biblia, pese a sus fines teológicos y a diferencia de otras literaturas religiosas, no solo versa sobre enseñanzas morales, espirituales y litúrgicas, sino que además viene a contar el relato de un pueblo, y cuando lo hace lo sitúa en el espacio y el tiempo.
Una nueva perspectiva
¿Cuándo y cómo sucedió esa aproximación? En el siglo XIX, a raíz de su explosión viajera y sus amplias miras de horizonte, que es la que atrae impetuosas fuerzas por el descubrimiento. Así, como fuente de fe en la Europa occidental, los emplazamientos que describen y narran los pasajes de la Biblia suscitan el interés por el Oriente Próximo Antiguo de los exploradores del viejo continente. Desde Palestina hasta Transjordania, Siria, Turquía, Iraq, Persia o Egipto, los aventureros, estudiosos o turistas se propusieron ver muchas de las ciudades antiguas mencionadas en la Biblia.
A pesar de que este interés es pretérito, en el campo de la interpretación científica de los hechos puede afirmarse sin duda que la arqueología bíblica (moderna) comenzó en Israel con sir Flinders Petrie, en Tell el Hesi, allá por el año 1890. Ahora bien, pisar estas losas decimonónicas también nos hace adentrarnos en plena expansión del Imperio Británico. Y de ahí solo hay un pasito para interceder entre el conocimiento, el saber, el saqueo y el colonialismo.

Antes de ello y por sus aportaciones al conocimiento y presentación de una arqueología bíblica que, como digo, resulta espinosa y llena de dificultades, existieron otras figuras notables que alimentaron esta rama del saber, desde Edward Robinson o Hormuzd Rassam, a instituciones como la Palestine Exploration Fund y la American Palestine Exploration Society, y todos ellos destacaron y aportaron antes de la llegada del padre de la arqueología palestina.
Este no es otro que William Flinders Petrie, nacido en Charlton, en el municipio londinense de Greenwich, en 1853 (murió en 1942). Su persona es importante porque a él se le atribuye la utilización de un método sistemático en el estudio arqueológico. Flinders (en la foto de abajo) introdujo en las técnicas de campo arqueológicas dos de sus más importantes conceptos: tipología cerámica y estratificación. En Tell el-Hesi, Israel (excavado por Petrie en 1890 y continuado por Frederick Jones Bliss en 1891), puso en práctica sus criterios y, yendo más allá de la forma de la época de basarse simplemente en inscripciones, Petrie prestó atención a los pequeños objetos, como la cerámica. Y no solo eso, a cada uno lo asociaba a un periodo de ocupación, lo que vino en llamar ‘datación por secuencias’. De esta forma, a los grupos materiales y sus familias le correspondían secuencias y, por ende, un estrato del yacimiento.
Sus innovaciones son el primer paso para desligar la arqueología de los antiguos métodos de búsqueda de tesoros, a la implantación de un método científico ciertamente riguroso.

Por otro lado estaba otra clase de explorador de esta época: Henry Layard. Layard contribuyó a esta rama del saber, sin duda, pero sus métodos suponen la antítesis de Filtrie en lo que a los fines se refiere. Nacido en 1817 (muerto en 1894), este polémico cazatesoros se obsesionó con Nínive, donde excavó junto a Rassam tras obtener un respaldo oficial en 1846. En 1849, Layard viajó a Mesopotamia para seguir excavando Nínive y Babilonia y este proyecto le llevó a descubrir la Biblioteca de Asurbanipal junto a Rassam, quizás la primera biblioteca de la Historia. También descubrió una gran variedad de esculturas del reinado del rey asirio y varios de sus enormes toros alados, hoy en manos del British Museum. Fruto de estas expediciones llegó su obra ‘Monumentos de Nínive‘ (1849). Otro de sus grandes logros es el descubrimiento de varias tablillas cuneiformes que permitieron ampliar el conocimiento sobre las culturas asirias y babilónicas.
¿Ciencia o expolio?
Ahora bien, existe una lectura un tanto maniquea entre Petrie y Layard (si bien didáctica) porque la mayor controversia histórica no reside en la falta de método del segundo, sino en el contexto geopolítico del expolio. Las vastas excavaciones de Layard no eran meros actos individuales; estaban intrínsecamente ligadas a la expansión imperial británica y a sus intereses diplomáticos en Oriente Próximo. Sus hallazgos no solo enriquecieron el conocimiento, sino que también legitimaron la presencia y el poder cultural del Imperio (Británico) al trasladar artefactos cruciales de civilizaciones milenarias (como los toros alados) a Londres.
El verdadero contraste no es solo metodológico, sino ético y colonial: Layard personifica el modelo de adquisición imperialista de patrimonio, mientras que Petrie sienta las bases para un futuro (posiblemente idealizado) modelo de custodia y estudio in situ de la cultura material.
Foto portada: Sir Flinders Petrie midiendo las pirámides de Giza, clave para la egiptología (Fuente: /www.hamhigh.co.uk)
- La aduana simbólica de la amistad contra la cultura de masas
- ¿Y si la mejor clase de Historia de tu vida fuera una partida de rol? 3 juegos lo logran
- Malory, Tolkien, Lovecraft y Frank Herbert siguen definiendo la industria del rol: 4 adaptaciones insuperables
- Hallados 30 versos de la ‘Physica’ de Empédocles que reescriben su papel en la física moderna
- La falsificación más trascendental de la historia de Occidente: el padre de Carlomagno y Roma, poder eterno


Deja un comentario