La huella de Roma es extensísima en nuestra cultura, influyendo de una u otra forma en cada estrato de la civilización. Pero Roma también fue un destructor de mundos, como lo han sido otras culturas hegemónicas a lo largo de la historia hasta nuestros días, desde los neoasirios hasta Estados Unidos. El Imperio Romano arrasó muchos y otros los hizo presa del olvido; pasó con el céltico, el cartaginés o incluso con el griego. A estos, en mayor o menor medida, los pasó a cuchillo o directamente los tergiversó, asimilando partes esenciales de sus filosofías, sus manifestaciones artísticas o sus religiones.

Y fue más allá, su sincretismo revolvió las culturas, transgrediendo la herencia legada del pasado y proyectando su cosmovisión hacia el futuro, ejerciendo una influencia directa en el feudalismo, Bizancio o en las bases del imperio del derecho que rige las democracias liberales.
Pero, ¿y si todo eso se debiera a la acción de un único hombre?
Entre las llamas de Troya (en torno a los siglos XIII y XII a.C.) se fundó una venganza personal de los troyanos contra Grecia y la antigüedad que fue encomendada por los dioses a un hombre, Eneas. Él estaba destinado a escapar de la masacre de Ilion para fundar una nueva tierra y un nuevo pueblo que triunfaría: esa tierra era Lacio, ese pueblo nacería con sus descendientes, Rómulo y Remo, y esa civilización sería la romana.
Pero, ¿cómo fue?
En el conjunto de saberes éticos y morales iniciales, Eneas fue uno de los más grandes héroes troyanos, aunque muy por detrás del malogrado Héctor, según los ciclos homéricos, sin embargo, a diferencia de este, el hijo de Anquises (y sobrino de Príamo, soberano de Troya) fue tocado con el favor y la gracia de los dioses ya que Afrodita, Apolo o Poseidón intervinieron en diferentes lances de la confrontación salvando al héroe, unas veces del poderoso Diómedes y otras incluso de Aquiles. En cualquier caso, su figura es clave en la mitología grecorromana; no en vano, a él se le atribuye la venganza de Troya sobre Grecia como ascendiente del pueblo romano. Eso es posterior y sucede con Virgilio, poeta romano, y su Eneida, a quienes debe su gloria el héroe troyano y no tanto al legendario poeta griego, que más bien le coloca en un segundo plano en la contienda por Ilión.
Eneas procedía de Dardanina y está emparentado directamente con Zeus, básicamente porque Dárdano es antepasadado de Anquises y Eneas e hijo del dios principal. Como el valiente e ingenioso Odiseo de Homero, Virgilio hace de Eneas un viajante casi eterno entre lo desconocido hasta su destino final, donde será entronizado. De Tracia a Delos, las Estrofíades o Cartago, el héroe recala en Italia, en donde comienza la leyenda de la ciudad de Palanteo, lugar en el que Rómulo fundará Roma a orillas del Tíber (García, 2020). Eso sí, el fin último del héroe latino, su finalidad sigue siendo restablecer una nueva Troya en otro suelo y bajo un nuevo cielo, cosa que cumple en Lavinium (Lacio). Después de ello, ya la literatura latina, sin ir más lejos, en Suetonio, da muestras del culto prolífico que configuró en la antigua Roma la figura de Eneas (Urruiibeheity, 1998).

Y eso nos lleva al proceso de legitimación histórica, que buscó Roma y que busca todo representante político que se precie. Roma a través de Eneas y su destino tejido se vio legitimado a proceder como mensajero de la divinidad y, a la vez, como heredero griego, incluso contra los propios griegos. Hacer suyo a Eneas suponía para los romanos asentar un linaje noble, no bárbaro, sobre Roma, uno que si bien provenía de la cultura griega -cuna de todo la herencia latina- y por tanto heredera legítima de la civilización helena, además añadía el acento enriquecido troyano.
Bibliografía:
-García, F. (2020, 20 octubre). Eneas, la odisea del héroe troyano. National Geographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/eneas-odisea-heroe-troyano_8273
-Hidalgo, M., Sayas, J. J., y Roldán, J. M. (2008). Historia de la Grecia Antigua (Tercera edición). Ediciones Universidad de Salamanca.
-Urruiibeheity, A. (1998). Eneas como héroe romano. Stylos, 7(7).
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