Observar con cierto temor la escalada de violencia y tensión entre Israel e Irán nos obliga, una vez más (quizá más que nunca), a revisar la historia para entender parte de ciertos antagonismos que suceden entre estos dos enemigos irreconciliables. Si lo hacemos veremos otros factores de fondo, como la influencia anglosajona, que tuvo un peso capital en el peligroso conflicto que está de actualidad —pese a que el Shah de Irán e Israel fueron estrechos aliados estratégicos hasta 1979—.
El origen económico: la APOC y la nacionalización del petróleo
Pongamos los ojos en una compañía: la Anglo-Persian Oil Company (APOC), después llamada Anglo-Iranian Oil Company (AIOC), más tarde British Petroleum Company y en la actualidad BP. Esta corporación que operaba en suelo persa, después iraní, de capital extranjero, poseía a comienzos del siglo XX el control exclusivo de la extracción, producción y exportación del petróleo de Irán. Fue en parte por ello que Mohammad Mosaddeq fue elegido primer ministro —por el Majlis (parlamento iraní) y ratificado por el Shah, además de apoyado en un gran respaldo popular— en el país oriental entre 1951 y 1953. Mosaddeq decidió nacionalizar la industria petrolera de su país a su llegada al gobierno, con el objetivo de cortar la influencia foránea y que las extracciones en su territorio sirvieran en beneficio de la soberanía nacional y la redistribución de la justicia económica iraní.

La Operación Ajax (1953): la CIA, el MI6 y el colapso interno
Pero el Reino Unido no lo aceptó, impuso duros bloqueos a Irán y después fue mucho más allá. En 1953 el MI6 británico junto con la CIA orquestaron un golpe de estado contra el gobierno legítimo de Mosaddeq y la intención de este último de eliminar la intrusión extranjera en la economía persa, que ya había sido enorme en el pasado por parte de ingleses y rusos. Cabe decir, eso sí, que la injerencia foránea no fue el único motivo del éxito del golpe de estado, ya que el frente interno de Mosaddeq arrastraba importantes lastres endógenos.
Sea como fuere, es indudable que, dividido el mundo en dos mitades tras la II Guerra Mundial, una de ellas —representada por británicos y estadounidenses— persiguió implantar un avatar occidental en Irán a través del cual las materias primas del país y sus corrientes político-sociales sirvieran exclusivamente a los intereses anglosajones; lógicamente, por dos motivos: el lucro y como oposición al otro antagonista, los soviéticos.
Puede decirse que la tradicional intromisión colonial británica halló durante el siglo XX un aliado en el imparable imperialismo de Estados Unidos —del que tenemos fracasos políticos y consecuencias terribles por medio mundo: desde Haití, Chile y Nicaragua, a Guatemala, Honduras y un larguísimo etcétera— Más concretamente en un Dwight D. Eisenhower (1953 y 1961), quien, en el marco de la Guerra Fría, estaba absolutamente obsesionado por hallar reductos comunistas en cualquier parte del planeta y, por tanto, enemigos en cada esquina. O lo que es lo mismo, adversarios a los que había que eliminar. Al calor de ello y para llenar el vacío de poder franco-británico llegaría en Oriente Próximo la Doctrina Eisenhower (1957).

De la dictadura del Shah a la Revolución de 1979
Este doble intrusismo anglosajón con el fin de apropiarse del petróleo iraní y del curso político y económico en Oriente Próximo tomó nombre y forma con la Operación Ajax, que derrocó a Mosaddeq y situó al Shah Mohammad Reza Pahlavi en el mando del país —bueno, en realidad consolidó su poder absoluto tras haber huido brevemente de Irán, donde en teoría reinaba desde 1941—.
Una vez logrado el objetivo occidental, la represión del Shah fue muy intensa, valiéndose de instrumentos como el SAVAK, la censura o las desapariciones, que tomaron un rumbo dramático en la Masacre de la Plaza Jaleh, que actuó como el catalizador definitivo de la Revolución Islámica de 1979, donde se instauró al Ayatolá Jomeini en el poder. A raíz de ello y fruto de la ideología y teología del régimen teocrático de Jomeini se consolidó la animadversión iraní a los cantos de sirena de Occidente, lo que incluye hoy en día al principal socio norteamericano y país con pretensiones expansionistas y hostiles en la zona, como es Israel.
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