Existió una vez un guerrero indígena de gran habilidad y belleza cuyo nombre era Sesondowah. Su porte cautivó a la misma Aurora, quien, prendada, raptó al hombre y lo llevó a los cielos. Pero este insigne cazador de la nación iroquesa -habitantes del noreste de los actuales Estados Unidos y Canadá– renegó del capricho de los espíritus celestes pues él amaba a una muchacha de su pueblo, por lo que ideó un plan cuyas consecuencias, dramáticas, fueron legadas de hoguera en hoguera a lo largo de los años por una herencia oral en descomposición.

Ilustración de tribus iroquesas. (F: historyforkids)

Retazos reconstruidos de aquella tradición contada sugieren que el chico era posiblemente un Seneca, tribu perteneciente a la Confederación Iroquesa, la Haudenosaunee, en cuya estructura social existían clanes, siendo el halcón uno de ellos. Pues bien, Sesondowah, cautivo, amado y amante, se convirtió precisamente en halcón y viajó a la tierra para reunirse con su joven amor iroqués en su nueva morada celeste. Pero Aurora, enfurecida y vengativa, convirtió a la chica en la estrella de la mañana y la fijó en la frente del muchacho, que, de esta forma, jamás volvería a reunirse plenamente con ella.

¿Nos suena?

En 1985 se estrenó en Estados Unidos el mito cinematográfico Lady Halcón, un maravilloso largometraje que cuenta una historia similar a la de Sesondowah. Aunque no hay constancia de que la película esté basada en ella, ni siquiera, como se ha argumentado, en una leyenda medieval concreta, sí se sabe que el guionista, Edward Khmara, se inspiró en el folclore europeo, heredero a su vez de fuentes antiguas, para proyectar la historia. Y esta historia, desde las homólogas clásicas a las celtas, pasando por las indígenas americanas, narra una maldición sobre los amantes que quedan separados.

Una y otra vez, de aquí para allá.

Es decir, la leyenda se repite en otras latitudes y culturas. Y lo más sorprendente, lo hace sin que estas hayan tenido contacto alguno aparente entre sí. Entonces, ¿cómo es posible revivir el mismo sueño, a la vez amargo y bello, para gentes tan dispares?

Recordemos que en el film, Isabeau de Anjou (la cautiadora Michelle Pfeiffer) se convierte en halcón de día y Etienne de Navarre (el fantástico y malogrado Rutger Hauer) en lobo de noche, de modo que solo pueden verse un instante al amanecer y al atardecer. Su pesadilla legada y compartida, que es también la de Tristán e Isolda, la de Orfeo y Eurídice y la del mismo Sesondowah, bebe de una fuente motora común: el ser humano.

Pero, ¿cómo?

Fotograma de la película ‘Lady Halcón’. (F: filmaffinity)

El eminente psiquiatra Carl Gustav Jung, el influyente sociólogo Émile Durkheim y el fundamental antropólogo Claude Lévi-Strauss arrojaron luz sobre este misterio que conecta raíces profundas de la conciencia humana. Para ellos, ya sea a través de los arquetipos del inconsciente colectivo, de la función social de la conciencia colectiva o por estructuras mentales universales, respectivamente, lo cierto es que somos una sola especie que anhela, sueña e interpreta de manera semejante desde los albores de su tiempo.

Imaginamos historias y proyectamos fantasías y angustias ligadas a nuestra especie, al parecer, sea cual sea el lugar en el que vivimos.


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