Hoy más que nunca debemos atender a los mitos en su sentido clásico, escucharlos. Especialmente a esos que están estructurados y perviven firmes, a pesar de tomar distancia con la modernidad ¿Por qué? Sencillo, el mito transmitido no deja de ser otra cosa que una manifestación antropológica, simbólica y narrativa cargada de historia e intención, en la que se escucha el relato transmitido por la memoria colectiva, origen de la ancestralidad y la ética de los pueblos. Hablo, pues, de una narración entregada directamente por los antepasados -posiblemente a través de un mensajero- que la aceptan, en toda su complejidad, como verdad revelada.

Atendamos al mensajero y su mensaje, vayamos Más Allá…

Ese mensajero, sea Gabriel o Hermes, es parte del mito, parte indisociable, porque es a la vez enviado y guía entre dos mundos, el divino y el humano. La ligereza en su función, por tanto, queda disuelta, porque el heraldo es la representación material de lo vedado y revelado, la primera visión de lo supramundano, el primer aliado liminal de los seres finitos. Entonces se convierte en un amigo del ser humano, a veces como mentor, otras como consejero, y que, como mediador sagrado, adentra al intrépido en el umbral.

Hermes se enfrenta a Argos. (F: jonathanccook)

Centrémonos pues en Hermes, aunque su arquetipo sea extrapolable a otros mitos. Lo verdaderamente sugestivo e interesante de esta figura es que en realidad representa el intermedio no posicionado entre Dios (o dioses) y el ser humano. Es cierto que abre los ojos a la verdad intransmisible, pero no la induce, es como un susurro en mitad de la noche, apenas perceptible, pero sensible. Es intencionado y a la vez sutil, sugestivo, permite al observador la elección de aceptar la invitación pese al asombro o denegarla. Aparece y desaparece a su antojo. Hermes verbaliza el mensaje.

Y dentro del mito, son llave sus símbolos.

Ese mito anunciador inspira a los seres sensibles a expresar lo trascendente, lo cual a su vez conmueve conciencias y despierta saberes. Artísticamente, la estética de Hermes va a verse condicionada por sus funciones. Así, en tanto a mensajero, es a la vez garante de los saberes vedados, de lo iniciático, del discurso oculto entre la linealidad, siendo, al mismo tiempo, heraldo de los dioses y custodio de los secretos. Aunque a diferencia del resto de dioses del Olimpo, carece de presunción, es más bien servicial.

Volvemos de nuevo a un hecho crucial: su cordialidad con el ser humano, al que dota de armas con las que vadear varias orillas, especialmente las lindes menos visibles.

A raíz de esto último vemos que también posee funciones relacionadas con el mundo de lo onírico y los sueños, y en virtud de ello, gana profundidad y popularidad su culto con otra característica esencial: especialmente notables son sus ocupaciones como conductor de las almas de los difuntos. De nuevo, Hermes invita al siguiente paso, que solo dan los intrépidos.

Eso nos lleva al remedio o la enferemedad. Hermes (u otros mitos reveladores) no ordena ni enseña: sugiere, señala, incita a cruzar el umbral, pero nunca obliga. Su figura exige al alma el valor del salto, la elección del misterio, sin embargo, permite la alternativa, lo material, lo mundano, lo intrascendente aunque, a la vez, lo normal; en definitiva, lo corriente.

El destino trata de tomar elecciones, como la de escuchar la otra cara de los mitos, la cara amiga, la cual, por supuesto, conlleva riesgos. Y ese quizá es el factor determinante, al fin y al cabo, ¿quién quiere o se atreve a salir del cauce?


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One response to “El mito que te habla, ¿te atreves a escucharlo? Arte, sincretismo y misterio en el mensajero de lo divino (I)”

  1. Avatar de boldlykittyb8ce8a01c1
    boldlykittyb8ce8a01c1

    Como siempre, muy interesante! Sigue así Javi!!! Un abrazo grande y pa’lante!

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