Cuerpo, alma y fuerzas vitales convivían en el ser humano en el Antiguo Egipto, aunque su equilibrio y manutención, especialmente en el viaje al Más Allá, exigían trabajar con dos principios complementarios ligados al difunto. Sin embargo, al analizar este par de misteriosas piezas hemos de quitarnos el fardo del pensamiento occidental, ya que la profundidad y complejidad escatológica egipcia iba bastante más lejos que los dualismos, que la carne y el alma.
Existían multitud de caminos y direcciones posibles entre la vida y la muerte a orillas del Nilo, pero cuyos pilares eran dos estadios disímiles: estos eran el Ka y el Ba. Ambos estaban conectados y eran capaces de otorgar al difunto la alegría para alzarse hasta las estrellas, de realizar el viaje exitoso de la continuidad.

El Ka era el aliento vital atado íntimamente al cuerpo físico, un fundamento estable más que estático, aunque clave en la cadena de sustento ritual hacia la eternidad junto al Ba y el Akh. A diferencia de estos, el Ka representaba el reflejo del individuo, a él ligado incluso en el momento de la muerte. El Ka no se separaba del difunto, permanecía localizado en la tumba y junto al cadáver, fijado a él; tanto es así que G. Maspero lo denominó “doble vital”. Por ello, quienes velaban al fallecido además se esforzaban en cuidar de sus restos, realizando una serie de ofrendas y rituales para mantenerlos activos. Entre otras cosas porque el Ka podía reunirse de forma funcional y no permanente con el Ba, a quien complementaba.
En ambos casos hablamos de conceptos etéreos, orgánicos y dinámicos.
La intersección
¿Y qué hay del Ba?
Fuera en el Reino Antiguo la frecuentemente identificada cigüeña jabirú, o en el Nuevo el ave con cabeza humana —a veces asimilada iconográficamente al halcón, propio de Horus—, lo cierto es que el Ba era desemejante y, a la vez, necesariamente complementario al Ka, aunque para nada algo parecido a un opuesto. Mientras el primero se proyectaba desde el cuerpo del difunto, al que estaba vinculado, del que emanaba y al que estaba unido, el Ba era el atributo volátil, el movimiento, la esencia del ave que migra y cambia, que vuela y explora. El que se va para volver. El Ba no se expresaba como emanación directa del cuerpo físico cuando este expiraba su hálito, sino que pertenecía a la individualidad del difunto.
De hecho, gracias al Ba el muerto podía hallar el camino para encontrar su lugar entre la tierra y el cielo; su lugar en el firmamento.
Ahora bien, la carne para los egipcios era parte esencial del viaje tanto para el Ka como para el Ba, es por ello que mientras el uno se quedaba junto a sí mismo guardando y nutriéndose de la sustancia ritual y simbólica de las ofrendas, el otro debía ser guiado hacia el rostro al que pertenecía, de ahí el embalsamamiento o las Estelas de Falsa Puerta, que permitían la circulación ritual entre mundos.

Tras los cuidados sacerdotales y rituales pertinentes, Ka y Ba se encontraban y operaban conjuntamente, transfigurándose en Akh, la esencia brillante. Esta fase no suponía una elevación literal del cuerpo físico, sino una condición glorificada del difunto en su lugar entre los dioses y las estrellas.
- Podcast Episode: Revolución Francesa y Constitución de 1812, dos tragedias humanas y naturalesPip: Hay un grito que lleva dos siglos sonando como victoria: «¡Viva la Pepa!». Historia Relatos y Ficción lleva un buen rato mirando de cerca a quienes lo gritaban y lo que encontró no es exactamente una fiesta. Mara: En este episodio nos adentramos en la Revolución Francesa y la Constitución de 1812 como fenómenos… Leer más: Podcast Episode: Revolución Francesa y Constitución de 1812, dos tragedias humanas y naturales
- Revolución Francesa y Constitución de 1812, dos tragedias humanas y naturalesEnsayo historiográfico sobre la quiebra del comunal: cómo el liberalismo decimonónico y las desamortizaciones despojaron el territorio rural español.
- Hallados los restos de un guerrero destrozado por una máquina terrible en tiempos de William Wallace y Eduardo IHallan en Stirling al guerrero destruido por la máquina de asedio de Eduardo I en la época de William Wallace. ¿Fue el temible Warwolf?
- Hallada en Egipto una necrópolis utilizada durante casi 4.000 añosEl yacimiento de Kom El-Khelgan, en el delta del Nilo, ha revelado una necrópolis utilizada de forma recurrente desde el período predinástico hasta la época grecorromana.
- Moorcock, Stafford y J.R.R: Tolkien: mundos posibles y narrativa del cambio¿Qué une el wyrd vikingo, la Música de los Ainur, el Equilibrio Cósmico de Moorcock y Glorantha? Un ensayo sobre destino, caos e interacción.


Deja un comentario