Cuando llegue el momento del Ragnarök habrá ruido, mucho ruido, algo sumamente ensordecedor. Y sobre todo, oscuridad. Entre la niebla vaporosa de una negrura infinita, sin noche ni día, será devorada la luz por el lobo Mánagarm. El frío transformará la superficie en hielo, e inserto el gélido ambiente en cada partícula de la Tierra, llegará Loki abriéndose paso entre la bruma de un mar negro y congelado. El truhán manejará el timón del barco de uñas, todas sin alma, el tenebroso Naglfar, que transporta a los remeros muertos y ahogados. Llegado ese momento, los gigantes de Muspelheim ya habrán hundido el Bifröst y Heimdall hará que vibre cada rincón del planeta con su cuerno, en una llamada atronadora al fin de los días.

Entonces empezará a brotar la sangre.
La distancia será mutilada por Sleipnir, más veloz que el viento. Odín llevará sus riendas, acompañado de los espíritus de los guerreros que murieron con honor en combate y se amontonaron perezosos en el Valhalla. Heladas, todas las cadenas existentes serán rotas y Fenrir por fin se liberará y cumplirá su venganza contra el Padre de Todo. El ocaso se pondrá sobre los dioses; sobre todos ellos, de Thor a Frigg Y también caerá para humanos, criaturas mágicas y gigantes, pasando su guadaña por cada garganta. Cada uno sucumbirá en terrible combate ante su antagonista, su némesis, regando el suelo de dolor y justicia.
Y entonces la muerte absorberá toda la vida marchita.
Pero la muerte, saciada, con el tiempo liberará semillas en las llanuras de Vígríthr, la de las cien leguas, donde Lif (Vida) y su acompañante Lifthrasir (Amante de Vida) saldrán de los árboles hacia un joven sol para diseminar un nuevo comienzo.
Algo diferente.
Foto de portada: Rägnarok. (F: thenotsoinnocentsabroad)
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