El 1 de julio de 2025 se cumplían 109 años desde que se iniciara una de las batallas más sangrientas de la historia de la humanidad, un acento notable de la enorme carnicería que fue la Gran Guerra y cuyo nombre sigue grabado entre los puntos negros de la modernidad como ‘Batalla del Somme’. Esta ofensiva, que duraría algo menos de cinco meses, se cobró la vida de más de un millón de seres humanos, y en ella lucharon y fueron heridos figuras como J.R.R. Tolkien, Robert Graves, Adolf Hitler o Ernst Jünger.
Los enormes errores militares fueron una constante en este micro conflicto dentro de la gran guerra y, por consiguiente, tal cosa llevó al sufrimiento extremo de miles de soldados. Como digo, entre ellos había ilustres de la historia. Por ejemplo, en el barro del Somme peleó John Ronald Reuel Tolkien, en su caso entrando en conflicto el 15 de julio junto a su batallón, el undécimo de Fusileros de Lancashire. El creador del ‘El Hobbit’ y ‘El Señor de los Anillos’ no fue herido en el frente, pero sí cayó enfermo en él, siendo evacuado debido a la enfermedad trench fever (fiebre de las trincheras) provocada por la bacteria Bartonella quintana.

Más dramática fue la experiencia de Robert Graves, quien la reflejó en su crudo relato autobiográfico ‘Adiós a todo esto’. Miembro de la Royal Welch Fusiliers, el escritor de Wimbledon, célebre por obras como ‘Yo, Claudio’, ‘El conde Belisario’ o ‘La diosa blanca’, resultó gravemente herido en el Somme el 20 de julio. De hecho, sus heridas fueron de tal magnitud que fue declarado muerto, llegando ese anuncio a sus familiares. Graves sufrió severos daños recibidos por fuego de metralla, aunque logró reponerse de ellos.

Sin embargo, si hay que quedarse con un relato bélico diferencial de este conflicto en particular quizá este sea ‘In Stahlgewittern’ (Tempestades de Acero), de Ernst Jünger. La obra es una de las más lúcidas, certeras, aterradoras y, a la vez, conmovedoras crónicas del primer gran conflicto mundial de la modernidad. Como Tolkien y Graves, el escritor alemán también fue herido en el transcurso de la Batalla del Somme, concretamente en dos ocasiones, una en Combles, en agosto, y otra en el tramo final, en St. Pierre Vaast, en noviembre.
Sin embargo la vitalidad del creador alemán era excepcional. Jünger viviría 102 años, lucharía en el otro gran conflicto abiertamente planetario, la Segunda Guerra Mundial y destacó como un humanista sensacional, siendo, además de filósofo y escritor, un destacado entomólogo, especializándose en coleópteros (escarabajos).

Pero este drama y fracaso humano salpicó a millones de jóvenes del planeta, estando entre ellos otros escritores conocidos como J.B. Priestley o Siegfried Sassoon, que también lucharon y cayeron heridos en el Somme. Y si de notables heridos en el Somme hemos de hablar, qué menos que citar a un joven llamado Adolf Hitler (en la foto de cabecera, primero por la derecha), quien sería una de las figuras determinantes en llevar de nuevo a la locura al ser humano en 1939. En el caso de este conflicto de la primera guerra mundial y el líder austriaco, Hitler fue alcanzado en la pierna, en el mes de octubre, siendo retirado de la primera línea y llevado a la retaguardia alemana.

Sería con la batalla de Ancre cuando finalizaría esta contienda de la primera guerra mundial en la que cerca de medio millón de alemanes y otros tantos británicos perecieron, amén de más de 200.000 franceses. Ahora bien, de existir un día especialmemte oscuro para la Entente (Francia, Reino Unido y Rusia) en esta microguerra dentro de la IGM ese fue el 1 de julio y no solo porque se iniciaron las hostilidades del Somme, sino por su enorme mortandad entre las fuerzas de las Commonwealth, que sufrieron en 24 horas más de 57.000 bajas.
Sin duda, conmemorar estas masacres, auténticas ignominias humanas de anteayer, posiblemente sea el mejor antídoto contras las nuevas derivas militaristas que florecen en cada rincón de nuestro presente y que, curiosamente, aceptamos dentro de una nueva normalidad.
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