La expansión de la cultura púnica como colonia fenicia por la franja mediterránea -desde su origen en Cartago, en la actual Túnez– fue enorme y proliferó sobre todo en Sicilia, la península ibérica y Cerdeña. Allí precisamente fue cuando su enorme influencia chocó con Roma. Ambos imperios pronto reconocerían su antagonismo y lucharían por imperar. De estos conflictos, llamados ‘guerras púnicas’, surgió una nueva metrópoli al sureste de la actual España: Carthago Nova (nombre romano dado tras la conquista de Qart Hadasht en 209 a. C. por Publio Cornelio Escipión).
Es el testigo de un futuro que no fue.
Unos años antes, había sido Asdrúbal (yerno de Amílcar, brillante y mítico caudillo cartaginés muerto en extrañas circunstancias ante las tribus íberas) quien intensificó la necesidad de reforzar las relaciones y colonias en Hispania. Fruto de ello, emergió en el año 227. a. C. esa nueva capital de herrumbe fenicia y que brilló con una luz tan intensa y luminosa como efímera, llamada por los púnicos Qart Hadasht.
La intencionalidad de la fundación de Qart Hadasht, (Cartagena actual), en el extremo suroriental de la península ibérica perseguía para los cartagineses una función muy clara: la comunicación directa, a través del mar, con la metrópoli africana, que se beneficiaría de un territorio rico y estratégicamente esencial para el comercio y dominación del Mediterráneo.
Poco a poco configurado como el bastión de entrada de recursos del poderío militar y comercial cartaginés, la ciudad de la península ibérica fue un núcleo económico y político básico para la metrópoli en pleno territorio continental europeo.
Parecía el sueño hecho realidad de una civilización que miraba altiva a los ojos a la mismísima Roma.
Su valor estratégico y mercantil se veía reforzado por otras funciones colonizadoras. Qart Hadasht permitía mantener contenidas a las poblaciones nativas peninsulares. Su puerto ejerció de presidio de los jóvenes príncipes íberos que Aníbal tomaba como rehenes para mantener la fidelidad de las tribus nativas que debían jurarle lealtad.
Tiempo después sería en ese nuevo asentamiento desde donde Aníbal -de facto, general supremo de los ejércitos cartagineses en Hispania- trataría de acabar con Roma, en su legendaria y exitosa travesía a través de los Pirineos y los Alpes. El general cartaginés estuvo verdaderamente cerca de conseguirlo, lo que habría cambiado completamente el futuro de Europa.

Pese a que su legado es limitado en términos arqueológicos y su durabilidad fue escasa, al acabar los cartagineses derrotados por Roma, su importancia resultó capital: desde sus ‘cenizas’ se divisa el resultado de la civilización vencedora, la romana, que es algo así como observar los cimientos de la futura cultura europea, que bien pudo tener raíces púnicas.
Foto de portada: reconstrucción del paso de Aníbal por los Alpes, de Giuseppe Rava (F: meisterdrucke)
- Cuando los mundos imaginarios entraron en relación: de J.R.R. Tolkien y Moorcock a G. Gygax y Greg Stafford

- Hace 100.000 años alguien grabó un símbolo. Aún no sabemos por qué

- Era Heian: poesía y belleza rotas por el ascenso samurái

- Los primeros dentistas fueron humanos, pero no ‘Homo sapiens’

- En el fin del mundo y la condena de los dioses solo quedarán ‘Vida’ y ‘Amante de Vida’



Deja un comentario